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Lecturas afiebradas

He leído en muchas entrevistas a escritores que durante su infancia ellos tuvieron un contacto pleno con la lectura en largos periodos de convalecencia. Lo que siempre me he preguntado es si ese periodo de salud quebrada no influía en sus lecturas; y lo contrario también, si sus lecturas no afectaban su restablecimiento. Yo recuerdo tres momentos precisos en los que la lectura de algún libro -mientras padecía una fuerte gripe o algún tipo de infección estomacal, digamos- me afectaba tremendamente. El primero fue en la adolescencia, esa tarde había leído cuentos, ya no sé cuántos, de Antón Chejov. Y, como es lógico cuando hay infecciones, las fiebres vienen por la noche. Pues bien, esa noche, entre escalofríos y alucinaciones, me veía en pueblos rusos, como si asistiera a un desfile de condenados. Sin embargo, entre ese mar de gente, de pronto aparecía un rostro núbil, de belleza pueblerina (cuándo habré visto yo pueblos rusos del XIX), que me enternecía.
La segunda vez fue en los años universitarios. Debido a un curso de narrativa peruana tuve que leer y releer libros de Arguedas y Ciro Alegría. Y esa noche, en medio de otras fiebres, soñé –tendría que decir: deliré- que los personajes eran minúsculos (no más de tres centímetros) y se desplazaban sobre mi cama, sobre mí, como si se tratara de un agreste terreno andino. A esta imagen la acompañaba una terrible sensación de angustia.
El tercer momento acaba de suceder. Ahora mismo estoy con una gripe devastadora, pero entre espacios de calma respiratoria, he leído Los amantes de Todos los Santos, del colombiano Juan Gabriel Vásquez. Son cuentos en los que todas las parejas o han terminado o están a punto de terminar sus relaciones. Es una constante exploración sobre el porqué se llega a ese momento, querer saber en qué momento se echó todo a perder. En estos cuentos todos sus personajes se van en picada, y nosotros con ellos. Imagínense su efecto en mi estado febril. Durante la noche, y con mi esposa al lado, durmiendo como una bendita, tuve las peores pesadillas por culpa (tendría que decir gracias, pero no) de ese libro.
Lean ese libro y tengan sus propias pesadillas, y si hay fiebres, mejor.

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