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El ratón latinoamericano

Vivir en Francia me ha enseñado muchas cosas. Por supuesto, no pretendo decir todo lo que aprendí. Ya lo iré filtrando poco a poco. Lo que sí quisiera destacar es la visión que tienen algunos franceses, y podría extenderlo a los europeos en general, de la América Latina. En particular en el medio académico. Me ha sucedido encontrarme con profesores que no aceptan ningún matiz en su postura sobre AL, ningún cambio en lo que fue y será su tesis doctoral. Estas personas se han construído una América a su medida e imparten cátedra de ello, organizan congresos, publican libros, etc. Y lo más curioso es que quieren en AL se hagan los cambios que no son capaces de hacer en sus propios países. Somos su objeto de estudio, su ratón de laboratorio, y los ratones no se quejan ni argumentan en contra.
Hablan de AL con tal vehemencia que me hacen dudar de si realmente vengo de Perú o si he vivido en una búrbuja. Y no digo nada sobre su opinión del Che. Es casi Dios. Tanto que si el Che reviviera preguntaría de quién están hablando.
Ahora bien, si el ratón de turno se queja de esta visión, es decir yo, pues el ratón pasa a ser un derechista pro- Bush. Mucho cuidado, eh; ser enemigo de un profesor universitario es un peligro enorme.
Recuerdo alguna vez, dando una charla sobre el lenguaje y el poder, se me ocurrió contar un mito cashinahua. En este mito se relataba la historia de cómo las mujeres cashinahua aprendieron a alumbrar a sus hijos. Según esta historia, estas mujeres no sabían cómo hacerlo y cada vez que estaban embarazadas debían ir hasta el Inca y someterse a las barbaridades y canibalismos de sus sacerdotes. Como era de esperarse, el profesor que me invitó, especialista en los Incas, me cortó la charla aduciendo que era hora de comer. La historia estaba escrita y no había que cambiarla.
No conozco el medio académico norteamericano, pero sospecho que sólo se cambiaran un par de nombres y el ratón seguirá siendo el mismo.

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