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Manuel González Prada revisitado

Y sigo con los modernistas. Qué le voy a hacer. Y descubro cosas geniales. Les recomiendo a todos los nuevos narradores y cronistas que echen una mirada atrás si es que quieren avanzar (sí, a veces se me escapan frases así. Ni modo). Y entre esas pesquisas hallé un texto de Manuel González Prada, peruano poco leído, poco apreciado ahora, pero que en su momento Vallejo y otros de su generación lo consideraban un maestro. Prada era contradictorio y no paraba de renovar y dar lecciones. Podríamos decir, incluso, que la contradicción que dinamizaba su obra lo llevó, a finales del siglo XIX, atisbar algunas directrices de la futura vanguardia europea. Prueba de ello es su ensayo inconcluso e inédito que, según Luis Alberto Sánchez (algo hay que creerle), fue escrito durante la estancia de los Prada en Francia, entre 1891 y 1898. El ensayo llevaba por título “Escribas y retóricos” y en uno de sus pasajes dice:


Aquel amplio y generoso espíritu griego que consideraba la belleza tan sagrada
como la virtud y el amor tan noble como el sacrificio, debe animarnos hoy para
estimar a la industria tanto como al Arte, a la agricultura como a la poesía, a
la ópera tanto como la estatua ¿por qué el telégrafo y la dínamo ha de estimarse
menos que la Ilíada y la Eneida? ¿Por qué Bell y Edison deben ocupar sitio
inferior a Shakespeare y Cánova? (…) inventar la máquina de coser vale tanto
como escribir la Divina Comedia.

Esta cita nos remite directamente al Manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), publicado en 1909, primero en Italia y luego en Francia en Le Figaro, donde se lee:

4. Nous déclarons que la splendeur du monde s'est enrichie d'une beauté
nouvelle : la beauté de la vitesse. Une automobile de course avec son
coffre ornée de gros tuyaux tels des serpents à l'haleine explosive... une
automobile rugissante, qui a l'air de courir sur de la mitraille, est plus belle
que La Victoire de Samothrace.


Todos los saben, la máquina fue el elemento emblemático de la nueva estética vanguardista, el signo tangible del cambio, lo que alteraba el orden y planteaba, a su vez, nuevos códigos estéticos. En el caso de González Prada la búsqueda de cette beauté nouvelle no tenía por interés destruir y cancelar lo antiguo, lo viejo, como lo propusieron los vanguardistas, sino modernizar, lo cual implicaba renovar, enriquecer y ampliar el concepto de belleza.
A ver si aprendemos algo.

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