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generaciones y afinidades

Leí en la revista Quimera n° 298 una entrevista a Junot Díaz, autor de La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Entre muchas cosas interesantes que dice, aquí quiero destacar una, en la que responde a la pregunta de si se siente integrante de alguna generación. Su respuesta fue:

NO, EN ABSOLUTO. En la película Los siete samuráis, el personaje llamado Kikychiyo, interpretado por Toshiro Mifune, va por ahí con un papel en el que hay escritos un montón de nombres. El dice que son los miembros de su familia, pero ese papel se lo robó a un muerto. Yo creo que los escritores somos así, somos como Kikychiyo, vamos por ahí con un papel diciendo: yo pertenezco a esto o a lo otro… Pero en realidad es algo robado de un muerto. Nunca sabes quién te influyó, quién es tu padre o tu madre, literariamente hablando… No hacemos sino mantener sueños o mitos, en ese sentido… Yo a veces me siento cercano a escritores, pero no sé si me han influido o no…



La frase me parece genial, pero aplicable a él. No sé si se pueda generalizar de esa manera a todos los escritores. Yo sospecho que hay aquellos que se sienten a gusto como parte de un proyecto colectivo, generacional, o con sólo saber que comparten muchas afinidades con otros escritores que no conocen más que por sus propios textos. Me pregunto por qué hay cierta reticencia a asumir proyectos creativos colectivos? A qué viene el temor a tener un familia literaria? Es obvio que actualmente la diversidad de propuestas estéticas es la constante de esta época. Tantas como escritores, se dice; pero no veo la incompatibilidad con asumir la existencia de pequeñas familias, una suma de comunidades con rasgos compartidos. Por supuesto, estas afinidades no tienen por qué determinarse, necesariamente, por nacionalidades. Creo, por el contrario, que de darse éstas, en estos días se alimentan más de distintos ámbitos, más allá de toda territorialidad.

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