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Entradas

Mostrando las entradas de 2013

El remolino búlgaro

A los pocos días de haber llegado aquí, a Sofía, me invitaron a una exposición de grabados de Frascisco de Goya, bajo el subtítulo de "Cronista de todas las guerras". Como mi anfitriona tenía que atender a su madre, que venía saliendo favorable, pero lentamente, de una dolencia, yo le dije que no se preocupara, que yo me las arreglaría para llegar a la Galería Municipal de Arte. Como suelo hacer en estos casos, busco en Google maps la ubicación exacta. La calle de la galería es Gurko 1, centro de Sofía. Esto resuelto, pude llegar sin problemas al lugar y a la hora convenida. El único inconveniente es que me había olvidado la tarjeta de invitación y en la entrada se veían muy rígidos en este tema de las vigilancias. Mientras hacía la fila para entrar se me ocurrió que podría decir que era descendiente de Goya. De hecho, en Burdeos, he trabajado -y trabajo- en la que fue la casa de este artista, durante sus últimos años de vida. Y ya que andaba en pla...

Sofía

Es domingo y empiezo a redactar este texto en una enorme y vacía sala de espera en el piso 14 del antiguo Hospital Militar, en la ciudad de Sofía. Lo llamó antiguo porque en la Bulgaria actual este hospital ha dejado de ser exclusivo de los militares entrenados durante el bloque soviético. Este hospital fue construido en los años setenta y mantiene todavía todos esos rasgos, esos colores en los que se privilegia un celeste pálido. Estoy aquí porque doña Daria, la madre de la profesora que me ha invitado a sus cursos de literatuta hispanoamericana, ha tenido una recaída. Mientras la profesora ha entrado a la habitación de su madre a dejarle unas cuantas cosas, yo me acerco a un gran ventanal. Desde esta altura, la del piso 14, en la sección de males gastrointestinales, aprecié un lado de la ciudad de Sofía. Doña Daria debe tener una ventana en su habitación que le permite ver lo que ahora yo observo. Pero no estamos viendo lo mismo. Doña Daria nació en 1935 y fue aún una niña cuando emp...

De Incas y escritores

Me encuentro en la ciudad de Le Mans, a unos metros del Casco antiguo, pero con una muralla romana que nos separa. Participo de un Salón del Libro, del cual me dicen fue el primero en organizarse en Francia. Es obvio que el Salón de París es el que atrae a todo el mundo en estos tiempos, pero aquí descubro un interés particular, como si se tratara de fieles en plena peregrinación. El tema de este año es la ruta de los Incas. Y los únicos escritores peruanos invitados somos Grecia Cáceres y yo. Qué hacemos aquí, es la pregunta natural que nos hacemos. Pero descubrimos (descubrir es un decir, porque ya he hablado antes al respecto) que a los franceses les basta con saber que somos peruanos, suficiente para considerarnos lo más cercano a los Incas. Yo les digo que nací en la costa, en Lima, pero eso no les importa. Más de uno me imagina montando una llama en plena avenida Abancay. Esta visión exótica de nosotros abarca también a todos aquellos escritores que desde hace un ...

Los detectives ribeyrianos

Esta mañana salí muy temprano hacia el Instituto de Estudios Hispánicos, en París, y que se encuentra a pocos metros del Jardín de Luxemburgo. El cielo estaba algo nublado y una lluvia ligera caía sobre la ciudad. En una sala de este instituto se inició hace unas horas una Jornada de estudios sobre la obra de Julio Ramón Ribeyro. Como es lógico, eran más los especialistas que el público neófito. Lo que me agradan de estos eventos es que puedo reencontrarme con amigos. Algunos de ellos viven en París hace mucho, pero otros vienen desde Lima, como Jorge Coaguila y Daniel Titinger, que al parecer se han convertido en detectives salvajes. Ellos están realizando un periplo europeo en busca de información sobre Ribeyro. Coaguila escribirá -o escribe- la biografía y Titinger un perfil. Qué diferencia una de otra, sólo ellos lo saben. Lo divertido de todo esto es que ambos no sólo comparten datos mutuamente, entre ellos y con el público, sino que están a la caza de todo aquel que les pueda d...

Campo de saltamontes 2

Esta vez les tocó a mis amigos del campo pasar unos días con nosotros en Burdeos. Un fin de semana divertido. Sus niños, de 7 y 3 años, trajeron sus osos de peluche y otros juguetes. Sobre todo la menor, llamada Manuela, nos tuvo a todos atentos a sus gracias y ocurrencias, y también nos mantuvo en silencio mientras ella hacía la siesta. Al día siguiente de que partieran, descubrimos que nos habían dejado en casa un visitante. Se trataba de un saltamontes. Vivo en el tercer piso de un edificio en piedra del siglo XVIII, común en esta ciudad, y lo menos probable que pueda albergar esta construcción son los saltamontes. Obviamente, el bicho saltaba por la sala en busca de tierra y hierbas donde mimetizarse y librarse de riesgos. Nos dijimos que a lo mejor vino en uno de los juguetes de Manuela que, según me enteré después, se divertía cazándolos. Quise pensar que se trataba del mismo saltamontes que había observado en el campo semanas antes, cuando fuimos nosotros los vis...

Campo de saltamontes

La semana pasada visité a unos amigos que viven en el campo. En el caso de esta región es sumamente fácil abandonar los edificios, las calles y todo el ruido de la ciudad y, a sólo veinte minutos o menos, encontrarse en medio de árboles, montañas y extensos terrenos de cultivo. Hay gente, mucha gente, que en los últimos años ha optado por comprarse una casa en el campo e ir en su automóvil a su trabajo, en cualquier conglomerado urbano que lo rodee. Claro, también están los que, negándose a las facilidades de esos veinte minutos de distancia, o se quedan en la ciudad o en medio de los árboles. A mí, aunque me guste el campo, no puedo negar que soy un hombre de ciudad. Y es por ello que las raras veces que me alejo de casa y me dirijo a las montañas vea todo de un modo nuevo para mí y me maraville de lo que es cotidiano para esta gente. En casa de mis amigos la pasé estupendamente. Tienen no un jardín, sino un extenso terreno de hierbas y árboles. Lo primero que hice des...

Las maravillas

Acabo de cruzarme en la calle Porte Dijeaux con un par de ancianas, diría yo cercanas a los ochenta años, tomadas del brazo y vestidas como niñas. Ambas tenían cabellera larga en unas primorosas y bien enlazadas trenzas que caían a cada lado de sus mejillas. El color de sus cabellos era del gris cenizo en una y de un rubio decolorado la otra. Llevaban zapatos bajos de charol, blancos, y unas medias rosadas hasta la rodilla. Una, la del cabello cenizo, llevaba una falda plisada de color fucsia, mientras que su compañera portaba una falda campana, verde. Sus blusas eran verde limón y de cuello circular. No estaban maquilladas. La verdad, no pude evitar seguirlas. No es algo que vea todos los días. Aunque esta mañana ya había algunas cosas fuera de lo común. Como la de un joven ciego que al parecer necesitaba ayuda. Cuando me aproxime a unos cuantos metros, ya estaban muy cerca de él dos policías y una mujer. Hasta aquí nada de extraordinario. Salvo que lo volvía a ver tres ...

LA MEMORIA EMPOLVÁNDOSE EN HABITACIONES

Hace unos días recibí un mensaje de un joven escritor mexicano, quien se presentó contándome que en la Feria de Libro de Guadalajara, en un stand para libros peruanos, encontró mi libro Habitaciones. Lo compró por pura curiosidad, me dice. Y fue muy amable, no sólo por su lectura, sino porque incluso escribió una reseña a mi libro, que este 2013 cumplió 20 años de publicado. Me siento halagado, no lo niego, pero también agradecido, y me confirma que el gesto de un solo lector puede ser suficiente para saber que no estamos tan solitarios en este oficio. Aquí les dejo la reseña, y va un abrazo para Darío Zalapa. LA MEMORIA EMPOLVÁNDOSE EN HABITACIONES Darío Zalapa Solorio La habitación, vista como uno de los espacios más íntimos en los que nos resguardamos del mundo, conserva para sí los secretos que atestigua, aquello que nos ve hacer a solas, o con la más urgente compañía, y que nunca haríamos en otro sitio. Ricardo Sumalavia, en el que fue su primer libro de relatos, logra...

Divina voz

En esta tarde de julio vivo en la calle de la Porte Dijeaux, en el centro de Burdeos, en el número 25. Ocupo una tercera planta en el que sus seis balcones me ofrecen una admirable luminosidad en el interior y una vista a la calle muy particular. Digo particular porque puedo observar a los transeúntes casi como un dios otea a sus criaturas. La calle, sin ser demasiado angosta, lo es lo suficiente como para que los paseantes se concentren en la ruta peatonal o en las vitrinas y escaparates de los comercios aledaños. Esto hace que pocos levanten la mirada hasta la altura del balcón desde donde yo los observo. Si veo algún amigo caminando por mi calle, lo que más me divierte es esperarlos a que se aproximen y mirarlos desde un ángulo perpendicular para luego llamarlos a voz en cuello. Ellos se desconciertan. Escuchan mi voz desde muy cerca, pero su primera reacción es mirar a los lados, nunca hacia arriba. Yo vuelvo a repetir sus nombres y ellos vuelta a girar en torno de sí, casi ...

Lost in Praga

Hace algunos años me perdí en una ciudad que siempre quise conocer: Praga. Debo decir que el primer interés nada tuvo que ver con la literatura. O eso creía yo.  De niño, mi abuela materna alguna vez me dijo que ella tenía un santo, virgen, Jesús o patrón para cada uno de sus nietos. El mío, nunca me lo supo explicar por qué, era el Niño Jesús de Praga. Luego se sumaron otras razones. Iría a la tierra de Kafka, vería El Castillo, y estaría en territorio de Sergio Pitol. Y se sumaba un motivo más: vería, al menos de lejos, a Enrique Vila Matas. Esta historia la pude haber contado antes, pero si hasta ahora no lo hice, fue por pura vergüenza.  No sé cómo, pero el embajador peruano en Praga había logrado colar a una comitiva de escritores peruanos a la Feria del Libro, cuando en realidad el país invitado era España. Al día siguiente de nuestra llegada, y antes de que la comitiva peruana interviniera aquella tarde, el embajador nos invitó a almorzar en su residenc...

CulturAmérica y Ana María Shua

Dentro del marco del ya tradicional y ampliamente conocido Festival CULTURAMERICA, que se realiza todos los años en la ciudad de Pau, Francia, se realizó esta entrevista a cargo de Ricardo Sumalavia a la escritora argentina Ana María Shua. El concepto es atrapar a un escritor y ser entrevistado en un formato artesanal, como un smartphone y, sobre todo, disfrutar de una buena charla.

Río quieto

Ahora que empiezo a escribir este texto, estoy sentado en un banco, a unos pasos del Ródano, en Ginebra, viendo avanzar las aguas del río. Sentado aquí no me fue difícil recordar que Jorge Luis Borges incluyó en su conjunto de cuentos El libro de arena , uno titulado El otro . De hecho es el primera de esta colección. En este cuento Borges está igualmente sentado en un banco, contemplando el río Charles, durante su estancia en Cambridge. Este Borges bordea los ochenta años y, sorprendido en su contemplación -o a causa de ella misma- a otro lado del banco se sienta un joven. Esta presencia a su lado no es otro que un Borges de 18 años, éste último afirma estar en ese mismo instante en Ginebra, en un año que bien podría ser 1918, y que el banco que ocupa está frente al Ródano -quizás donde estoy ahora redactando este texto-. Pero a mi lado no hay nadie. Sólo veo unos patos que se dejan llevar por la fluidez del río. Acaban de pasar unas pocas horas y ya no estoy sentado en...

Guadalupe Nettel y los animales

De mi última visita a Madrid pude traer a casa muchos libros que quería leer. Los he colocado sobre mi escritorio siguiendo más o menos un criterio que sé de antemano que no respetaré. Pero había un libro que tenía premura de leer: El último libro de Guadalupe Nettel. Su anterior conjunto de cuentos, Pétalos, ya me había cautivado por la presencia, digamos, de una estética de la mirada; historias en las que los cuerpos y los sentimientos se distorsionan en plena contemplación. Es decir, los vemos mejor mientras se están distorsionando. Ahora, con El matrimonio de los peces rojos (Páginas de espuma, 2013), Nettel da un paso más adelante. En las cinco historias de este libro la sutileza se impone, pero de un modo particular. Normalmente estamos acostumbrados como lectores a que si el narrador nos cuenta la historia, en un primer o segundo plano, de un objeto, animal, o una anécdota trivial, nosotros de inmediato establecemos la correspondencia con los personajes principales....