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De Incas y escritores

Me encuentro en la ciudad de Le Mans, a unos metros del Casco antiguo, pero con una muralla romana que nos separa. Participo de un Salón del Libro, del cual me dicen fue el primero en organizarse en Francia. Es obvio que el Salón de París es el que atrae a todo el mundo en estos tiempos, pero aquí descubro un interés particular, como si se tratara de fieles en plena peregrinación.
El tema de este año es la ruta de los Incas. Y los únicos escritores peruanos invitados somos Grecia Cáceres y yo. Qué hacemos aquí, es la pregunta natural que nos hacemos. Pero descubrimos (descubrir es un decir, porque ya he hablado antes al respecto) que a los franceses les basta con saber que somos peruanos, suficiente para considerarnos lo más cercano a los Incas. Yo les digo que nací en la costa, en Lima, pero eso no les importa. Más de uno me imagina montando una llama en plena avenida Abancay.
Esta visión exótica de nosotros abarca también a todos aquellos escritores que desde hace un par de décadas se desgañitan porque se les reconozca únicamente como escritores, sin mayor resonancia a sus nacionalidades. Esto pudo ser muy frúctifero entre peruanos, mexicanos, chilenos, etc. Pienso en los autores que integraron McOndo y en los de Crack. Pero que en Francia siguen siendo autóctonos. Nada ha cambiado. Nada cambiará.
Por eso ahora estoy sentado en medio de dos escritoras francesas que han escrito novelas históricas ambientadas en Perú, con Incas y conquistadores por todos lados. Y yo soy ahora una especie de huaco retrato, con gollete y asa puente, y unas orejas gigantescas.

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