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El remolino búlgaro

A los pocos días de haber llegado aquí, a Sofía, me invitaron a una exposición de grabados de Frascisco de Goya, bajo el subtítulo de "Cronista de todas las guerras". Como mi anfitriona tenía que atender a su madre, que venía saliendo favorable, pero lentamente, de una dolencia, yo le dije que no se preocupara, que yo me las arreglaría para llegar a la Galería Municipal de Arte. Como suelo hacer en estos casos, busco en Google maps la ubicación exacta. La calle de la galería es Gurko 1, centro de Sofía. Esto resuelto, pude llegar sin problemas al lugar y a la hora convenida. El único inconveniente es que me había olvidado la tarjeta de invitación y en la entrada se veían muy rígidos en este tema de las vigilancias. Mientras hacía la fila para entrar se me ocurrió que podría decir que era descendiente de Goya. De hecho, en Burdeos, he trabajado -y trabajo- en la que fue la casa de este artista, durante sus últimos años de vida. Y ya que andaba en plan de bromas hasta les podría decir que lo único que quedaba de esa casa era un retrete al estilo de principios del siglo XIX. Que está clausurado, es cierto, pero que mi curiosidad me llevó a descubrir y a imaginar cómo se ejecutaban las descargas goyescas. Pero no dije nada de esto, el recurso más ingenuo que pude utilizar fue preguntar si ésta era la dirección Gurko 1. Las personas de la recepción se quedaron en silencio, hasta que una de ellas respondió "sí". Dije "gracias" y entré. 
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Yosif Gurko fue el mariscal ruso encargado de llevar adelante la avanzada de los frentes rusos para liberar a los países eslavos de la dominación turca. Esta guerra se dio entre 1877-78, y tuvo uno de sus momentos decisivos en la batalla que debería evitar el avance los otomanos a través del Paso de Shipka, en la cadena balcánica. Esta batalla no fue como las otras de esta guerra, ni como ningún otra de la que yo tenga conocimiento. El frente ruso-búlgaro estaba agotado y tras sucesivos intentos de los turcos por tomar este territorio, fueron realmente diezmados. Lo único que los mantenía firmes era el coraje y la ubicación estrategia en esta hondonada. Desde lo alto podían controlar y detener el ascenso turco.
Sin  embargo, los refuerzos no llegaron y los otomanos aprovecharon para subir por las laderas y ganar todo este paso. Pero todo dio un giro sorpresivo. Los voluntarios búlgaros, al estar peor armados, empezaron a lanzar piedras sobre el enemigo. Y si bien fue un buen recurso, los turcos trataron de avanzar. Pero algo los detuvo, como lo describe un poeta búlgaro de la época, los otomanos vieron una nube negra que caía sobre ellos. Se trataba de los cuerpos de los soldados ya muertos. Caía una nube de cadáveres sobre espantados turcos. Fue el gran triunfo para la independencia de Bulgaria.
Esta imagen del soldado que continúa batallando incluso después de muerto fue utilizada como símbolo de valor en la historia búlgara. Vi una representación de esta batalla en un mural en el Museo Nacional de Historia. En sí mismo el museo, como otras construcciones búlgaras de los años setentas, son colosales. Este museo, como el Palacio Nacional de Cultura, al cual había asistido para escuchar un concierto, fue un proyecto de una mujer que murió poco antes de cumplir 40 años.
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 Lyudmila Zhivkova fue hija del dictador Todor Zhivkov. Su padre estuvo en el poder entre 1954-89. Desde pequeña Lyudmila demostró su interés por las artes y la cultura y esto la llevó a estudiar, primero en Moscú -como era debido- y luego en Oxford. Con poco más de veinte años ya trabajaba como asistente de cultura y a los 32 años ya era ministra de cultura. Más allá del evidente nepotismo, no pudieron negar la energía y habilidades de esta mujer. Pero tampoco podían negar que entre su periodo como ministra muchas manifestaciones artísticas que ella promovía empezaban a alejarse de los lineamientos del real socialismo.
Lyudmila, consciente de su inteligencia y poder, era cada vez más atrevida. Con su marido Iván Slavkov organizaba unas veladas que eran conocidas como "la soirée de los viernes", y en las que los intelectuales y artistas podían hablar con libertad y solicitar las influencias de la joven ministra. Pero los atrevimientos fueron llegando a puntos en los que el mando político búlgaro empezó a preocuparse. Se empezó a correr la voz de que la joven ministra se alejaba del marxismo y que se interesaba en el misticismo y las ciencias ocultas. Incluso su interés se fue concentrando más en el chamanismo en México. También se rumoreaba que estaba siendo demasiado influida por un escritor veinte años mayor que ella, cuya amistad fue muy íntima. Se trataba del maestro de las novelas búlgaras de espías, Bogomil Rainov. Este escritor hizo popular a su agente Emil Boev. Que en cabeza de Lyudmila haya habido misticismo y espías no es de sorprender. Ella murió de un tumor cerebral en 1981 y se decía que esa muerte no fue del todo natural. Un caso, quizás, para el agente Emil Boev, pero éste prefirió permanecer en su ficción.
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En los grabados Goya de esta serie de las atrocidades de la guerra, el artista agrega títulos contundentes que de algún modo lo comprometen con su propio trabajo artístico. En uno de ellos dice: "Yo lo vi". Bueno, y por qué no puedo decir yo lo mismo de todo lo referido aquí. De algún modo sí, lo vi.

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