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Entradas

Mostrando las entradas de noviembre, 2008

Manuel González Prada revisitado

Y sigo con los modernistas. Qué le voy a hacer. Y descubro cosas geniales. Les recomiendo a todos los nuevos narradores y cronistas que echen una mirada atrás si es que quieren avanzar (sí, a veces se me escapan frases así. Ni modo). Y entre esas pesquisas hallé un texto de Manuel González Prada, peruano poco leído, poco apreciado ahora, pero que en su momento Vallejo y otros de su generación lo consideraban un maestro. Prada era contradictorio y no paraba de renovar y dar lecciones. Podríamos decir, incluso, que la contradicción que dinamizaba su obra lo llevó, a finales del siglo XIX, atisbar algunas directrices de la futura vanguardia europea. Prueba de ello es su ensayo inconcluso e inédito que, según Luis Alberto Sánchez (algo hay que creerle), fue escrito durante la estancia de los Prada en Francia, entre 1891 y 1898. El ensayo llevaba por título “Escribas y retóricos” y en uno de sus pasajes dice: Aquel amplio y generoso espíritu griego que consideraba la belleza tan sagrada com...

Intimidad

Un amigo me acaba de preguntar sobre la intimidad, sobre lo que uno puede o no exponer en público. Me lo preguntó por los blogs, precisamente. Y, como siempre, yo dudo de todo. Dudo de que la intimidad se siga viendo de la misma manera como hace 20 años atrás. Digo 20 pero podrían ser 10 o 5. La noción de intimidad se ve alterada cuando vemos que muchas personas colocan sus fotos « íntimas », personales, en internet. ¿Quién no tiene una cuenta en facebook, myspace, hi5, etc. Atención, no lo vayamos a simplificar diciendo que se trata de simple exhibicionismo. Creo que hay un fenómeno mucho más complejo. Lo mismo podríamos decir de los videos en youtube y todas sus variantes. Cualquier persona nos muestra el bautizo de su hijo o el funeral de su suegra. Y no sólo eso: esperan comentarios. No se trata de una actitud pasiva. Hasta aquí hablo de cualquiera, de nuestro vecino, de quien me entero más de su intimidad por internet que por tocarle la puerta. Esta nueva noción de intimidad que s...

No se ofenda, amigo personaje. Lo hago por su bien.

En una de las sesiones de mi taller virtual La Cueva se me ocurrió poner en práctica un ejercicio de escritura. Les pedí a los talleristas que nos insultáramos durante un tiempo que yo fijaría. No entendían bien de qué iba todo esto, pero aceptaron. Confiaban en mí, qué le vamos a hacer. Di la partida y los primeros insultos aparecieron en pantalla. Al principio eran bastante tímidos, generales, iban dirigidos al grupo. Luego, se fueron personalizando poco a poco y el tono se elevó. De pronto noté que los disparos iban certeros y que era momento de detenerlo si no quería abatidos. Lo divertido es que se quedaron con las ganas de seguir insultando. Pedían reiniciar el ejercicio. Pero no. Había sido suficiente. La idea era saber hasta qué punto (además del desfogue) este ejercicio nos ayudaba en lo que escribíamos. Un punto, creo que el más importante para quienes están interesados en la escritura, es que no podía insultar sin conocer realmente a la otra persona. Era necesaria saber deta...

Brújulas / hacia dónde vamos / venimos

Ahora ando metido en varias lecturas sobre el modernismo hispanoamericano. Por supuesto, en estas Primeras impresiones no pretendo definirlo. No lo haría por cuestiones de espacio y por muchas cuestiones más. Entra ellas, porque sus fronteras son cada vez más indefinibles y se va extendiendo temporalmente. Les recomiendo leer El proyecto inconcluso. La vigencia del modernismo, de Iván Schulman. Lo sí quisiera remarcar del modernismo es su rasgo de contradicción estética e ideológica. Ya a finales del XIX los escritores renegaban del romanticismo, del costumbrismo, del naturalismo, y del propio modernismo, y sin embargo todos ellos se apropiaban, consciente o no, de sus diversos recursos expresivos. Y un dato importante: todos o la mayoría se formaron en los medios de prensa. Si uno se pregunta qué pasa en estas épocas del naciente siglo XXI, no creo que distemos mucho de las ambigüedades modernistas. Los préstamos de la crónica, del ensayo y otros géneros para ser empleados en el cuent...

Le pot de chambre de la France

Esta semana, como la anterior, estamos bajo una lluvia permanente en Burdeos. para alguien que me viene de Lima y su tímida llovizna, lo de aquí le puede parecer un aluvión. Sin embargo no lo es tanto. Incluso ahora mismo hay un débil lluvia. Lo curioso es que, por razones académicas, estoy leyendo unos textos de Manuel González Prada de fines del XIX, y me topo con una cita de su esposa en la que recuerda su estancia, precisamente en esta ciudad. A ella le llamó la atención las lluvias de aquí; tanto que le divirtió cuando alguien le dijo que Burdeos era conocida como el pot de chambre de la France. Es decir, la bacinica de Francia. Y, bueno, allá voy ahora mismo. Debo hacer algunas compras.

En Lima, al fin.

Y bueno! Por fin llegó mi novela a Lima. Pensé que se convertiría en un libro fantasma, un espectro apenas percibido por personas dispuestas a estos encuentros paranormales. Curiosamente la noticia la supe por una cálida nota de Carlos Sotomayor en el Correo. Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR. La memoria suele ser en ocasiones selectiva. Rescata del olvido aquellos sucesos que revisten gran significancia en nuestra muchas veces anodina existencia. Hace poco recordé un momento grato acaecido hace varios años. Me encontraba recorriendo los anaqueles de la librería El Virrey de San Isidro cuando reparé en un libro cuya cubierta me mostraba un lienzo en el que aparecían unos niños sentados en medio de la sala de un caserón antiguo. Se trataba de Retratos familiares , segundo libro de Ricardo Sumalavia. Y recuerdo que, tras adquirirlo, hallé entre sus páginas a un autor cuya sensibilidad encontraba cercana. Y recuerdo, como si apenas fuera ayer, el primer cuento, "Retorno", y una frase ...

generaciones y afinidades

Leí en la revista Quimera n° 298 una entrevista a Junot Díaz, autor de La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Entre muchas cosas interesantes que dice, aquí quiero destacar una, en la que responde a la pregunta de si se siente integrante de alguna generación. Su respuesta fue: NO, EN ABSOLUTO. En la película Los siete samuráis, el personaje llamado Kikychiyo, interpretado por Toshiro Mifune, va por ahí con un papel en el que hay escritos un montón de nombres. El dice que son los miembros de su familia, pero ese papel se lo robó a un muerto. Yo creo que los escritores somos así, somos como Kikychiyo, vamos por ahí con un papel diciendo: yo pertenezco a esto o a lo otro… Pero en realidad es algo robado de un muerto. Nunca sabes quién te influyó, quién es tu padre o tu madre, literariamente hablando… No hacemos sino mantener sueños o mitos, en ese sentido… Yo a veces me siento cercano a escritores, pero no sé si me han influido o no… La frase me parece genial, pero aplicable a él. No sé ...

La unidad y el caos (a propósito de Que la tierra te sea leve)

Hace poco apareció en el periódico La Verdad de Murcia, una reseña, escrita por el poeta y crítico José Belmonte, a mi primera novela, Que la tierra te sea leve . Ya que este blog sólo es leído entre mis amigos (casi puedo decir: hola Pedro, hola Juan, etc.), quiero compartir este texto que, lamentablemente, no aparece en línea. ¿Alguien había pensado en serio que la literatura hispanoamericana se había ido definitivamente al traste? ¿De nada ha servido el magisterio de esos autores que en su día merecieron los más encendidos elogios? Hablamos, entre otros, de Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, García Márquez o Vargas Llosa. En un libro publicado a principios de los años setenta, Historia personal del Boom, su autor, el chileno José Donoso, en su capítulo final hablaba de todo lo que quedará con el paso del tiempo, cuando sean sometidas a un análisis más detenido y riguroso esas obras consideradas, acaso con cierta precipitación, como maestras. Y se refiere, asimismo, no sin cierta pr...

La jornada de la mona y el paciente

Este libro había aparecido el 2006 en México, pero solamente hasta hoy he podido conseguir un ejemplar. Y lo puedo decir sin empacho, el libro La jornada de la mona y el paciente , de Mario de Bellatin, es uno de sus mejores libros. Debo precisar que he leído también en otras oportunidades, reseñas, artículos sobre su obra, y todo me parece parcial, insuficiente. Es cierto que no necesariamente se puede pretender una crítica totalizadora, pero en el caso particular de los libros de Bellatin queda claro que es un absurdo pretenderlo. Todas las entradas a sus novelas tienden a decirte que es una entrada equivocada, que su narración es una no-narración, que sus definiciones son una no-definición, etc. (entiéndase al infinito o la nada). Pero el texto está allí, ante nosotros. Se ha construído a partir de imágenes o recuerdos que podrían ser falsos; de un pasado o una realidad que incluye sus propias fantasías o sueños como parte de su materialidad (tendríamos que decir también su no-mater...

Los cuentos de Thanassis Valtinos

Se supone que debería estar leyendo otros libros. Se supone que debería estar escribiendo otros textos. Pero no. Un amigo me prestó una breve antología de cuentos de un escritor griego: Thanassis Valtinos. La edición francesa se llama Accoutumance à la nicotine . Y se trata de una bella edición preparada por una pequeña editorial bordelesa, Finitude . El libro llegó a mis manos, lo empecé a leer y aquí me tienen: presentando a este autor y sus cuentos. En verdad no sé mucho de él. En una búsquedad rápida por internet no encontré ediciones en español. Lo que hallé es que, efectivamente, se trata de un escritor reconocido. No como los narradores Nikos Kazantzakis ni Vassilis Vassilikos, a quienes se pueden leer en diversas lenguas. Lo cierto es que se le conoce, principalmente, como el guionista de las películas de Theo Angelopoulos. Valtinos nace en 1932 en el Peloponeso y le tocó vivir casi toda la época convulsa de la invasión alemana, de la guerra civil, las persecuciones y tensiones...

Burdeles y aparecidos (versiones y dispersiones)

En el año 2004 publiqué un libro de ficción breve, Enciclopedia mínima . Como es natural, a algunos cuentos les tengo más cariño que a otros. Y no digo que me gusten más o que los crea de gran nivel (esto me recuerda cuando a un conocido escritor argentino le dije que me había gustado uno de sus cuentos. "Hermoso cuento, verdad?" fue lo que me respondió). Este no es el caso. Sólo que les tengo cariño por el momento particular de su escritura, por lo que me evocan de su proceso de gestación. Uno de esos cuentos se titula Burdeles y aparecidos y aparece en la sección llamada Prostitución sagrada . Alguna vez busqué entre mis cuadernos y encontré su primera versión, escrita con mi habitual mala caligrafía y los borrones y correcciones de siempre. Decidí escanearla y tenerla allí, guardada en un archivo. Ahora se me ocurrió ponerlo aquí, compartir su momento inicial, jugar a la crítica textual, que poco o nada puede hacer con los manuscritos actuales que pasan las correcciones ...

Finales falsos

Cuando uno escribe un microrrelato, siempre tiene la tentación de darle un final sorpresivo. Es lo que está más a la mano. Sin embargo, creo yo, hay que evitar caer en este recurso o tener bien en claro para qué lo usamos. Es común hallar cuentos en los que su desenlace, con un supuesto quiebre genial, se resuelve con un personaje que ha venido soñando todo lo narrado y su madre lo despierta para que vaya a la escuela o al trabajo, o que la gran batalla resultó ser la final de un campeonato local de fútbol, o que el ajusticiamiento o decapitación en realidad se trataba de una cebolla rebanada. Esto demuestra, obviamente, poco oficio o menos ingenio o simple pereza en su autor. El final sorpresivo no debe verse como el recurso decisivo para el buen funcionamiento del cuento, y en especial del breve; pues su lectura se reduciría terriblemente a un banal efectismo. Este final debe ser un elemento más en el texto. Su efecto debe residir en ser un falso final; que el lector crea, por un mom...

¿Quién es más grande que Monterroso?

En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia (no a la de ser competentes , sino más próximos a los caballos en los hipódromos). El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que el dinosaurio ni más grande que Monterroso.

Iván Thays finalista del Herralde

Hace dieciocho años comíamos todos los sábados un plato de lomo saltado en el restaurante Cocoon. Este era un lugar pequeño y ya no existe. Se hallaba en plena Diagonal de Miraflores. Llegábamos allí luego de trabajar toda la mañana en el Museo de Arte de Lima. Durante la comida, Iván contaba muchas historias, que podrían ser de sus lecturas, sus proyectos, lo que le acababa de suceder o todo junto. Y reíamos mucho: de sus lecturas, de sus proyectos, de lo que le acababa de suceder, de todo junto. Eso sucedía todos los sábados, antes de ir a las reuniones del Grupo Centeno. Allí, seguimos riendo.

Halloween en Burdeos

Vivo en una zona de edificios en los que más abundan los jubilados. Esto ha permitido que haya un mejor contacto con los vecinos, pues tienen tiempo y necesidad de conversar con los demás. Claro, esto no siempre es así. Hace poco leí una crónica del gran escritor colombiano Santiago Gamboa en la que cuenta que una anciana vive encerrada por años en su piso parisino. Mis vecinos son algo más sociables, pero acabo de comprobar que son poco dados a los cambios en el mundo. Halloween, por ejemplo, lo han venido a descubrir cuando mi pequeña hija se apareció ante sus puertas para pedirles caramelos. Mi pequeña volvió a casa contenta pero agotada. Tuvo que explicarles a casi todos qué era "Halloween". Una mujer le dijo que era turca pero que igual le daría caramelos. Otro anciano tomó de la canastilla de mi niña un par de chocolates y luego le dio un euro. Otra preguntó si era posible hacer todo esto pero sin tocar la puerta y sin que él los tenga que atender. Uno más, un antiguo b...