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El futuro no es nuestro… ¿y el presente? (II)

Bueno, leer una antología con más de sesenta autores toma su tiempo. Debo decir que empecé con los autores que ya conocía, digamos que con los mayores. Fue grato el reencuentro con la prosa de los venezolanos Slavko Supcic o Armando Luigi Castañeda, siempre lúdica, más certera. Leí el cuento de José Pérez Reyes porque hace algunos años él mismo me dio un libro suyo, que leí y no me entusiasmo nada. Esperé reconciliarme con su escritura, pero confieso que fue a medias. Lo que ha ganado en sugerencia, en fluidez, de pronto lo echa abajo con imágenes desbordadas del tipo: “Súbitamente el aguacero dejó caer agresivamente su húmedo guante”. Luego leí a Carlos Wynter Melo. Este cuento ya lo había antes y, sin duda, Wynter apostó a ganador; pues creo que este cuento articula perfectamente toda su escritura. Con los cuentos de Andrés Neuman y Gonzalo Garcés, qué les puedo decir. Da la impresión que el oficio de escribir lo hubieran aprendido antes de nacer. Con Alejandro Zambra pasa que, así no entiendas qué está narrando, intuyes que hay un mundo personal detrás. Va más allá del hecho mismo de narrar. Si es algo que buscan los demás, él ya lo encontró. Admiro la osadía en la narración de Javier Payeras, pero he leído textos suyos mucho más cautivantes. Esa osadía también la encontré en Antonio Ungar y estoy fascinado con la plasticidad de su prosa, con la fuerza de su narración. Después de tal entusiasmo, obviamente, no podía leer con los mismos ojos los cuentos de Antonio Ortuño y Ricardo Silva Romero. Ambos cuentos me gustaron mucho: efectivos, directos.
Como es natural, pasé a los escritores peruanos. Me llamó la atención la escrupulosa selección de los autores. Santiago Roncagliolo y Jeremías Gamboa apegados a la acción, al peso del entorno, son bastante efectivos. Al otro extremo están Marco García Falcón, Alexis Iparraguirre y Carlos Yushimito. Me gusta lo que escriben los tres: su prosa cuidada, su gran nivel de sugerencia, pero –confieso- me gustaría encontrar más diferencias entre los tres. Más atrevidos me parecen los cuentos de Diego Trelles y Salvador Luis, como si trataran de reinventarse desde sus primeros textos.
Sé que lo que estoy diciendo no cambiará nada. Mejor así. Aún me falta referirme a los demás. Habrán notado que no he mencionado a ninguna mujer. Con ellas tengo otra cosa que decir. Es que me toma tiempo entenderlas.

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