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Entradas

Lost in Praga

Hace algunos años me perdí en una ciudad que siempre quise conocer: Praga. Debo decir que el primer interés nada tuvo que ver con la literatura. O eso creía yo.  De niño, mi abuela materna alguna vez me dijo que ella tenía un santo, virgen, Jesús o patrón para cada uno de sus nietos. El mío, nunca me lo supo explicar por qué, era el Niño Jesús de Praga. Luego se sumaron otras razones. Iría a la tierra de Kafka, vería El Castillo, y estaría en territorio de Sergio Pitol. Y se sumaba un motivo más: vería, al menos de lejos, a Enrique Vila Matas. Esta historia la pude haber contado antes, pero si hasta ahora no lo hice, fue por pura vergüenza.  No sé cómo, pero el embajador peruano en Praga había logrado colar a una comitiva de escritores peruanos a la Feria del Libro, cuando en realidad el país invitado era España. Al día siguiente de nuestra llegada, y antes de que la comitiva peruana interviniera aquella tarde, el embajador nos invitó a almorzar en su residenc...

CulturAmérica y Ana María Shua

Dentro del marco del ya tradicional y ampliamente conocido Festival CULTURAMERICA, que se realiza todos los años en la ciudad de Pau, Francia, se realizó esta entrevista a cargo de Ricardo Sumalavia a la escritora argentina Ana María Shua. El concepto es atrapar a un escritor y ser entrevistado en un formato artesanal, como un smartphone y, sobre todo, disfrutar de una buena charla.

Río quieto

Ahora que empiezo a escribir este texto, estoy sentado en un banco, a unos pasos del Ródano, en Ginebra, viendo avanzar las aguas del río. Sentado aquí no me fue difícil recordar que Jorge Luis Borges incluyó en su conjunto de cuentos El libro de arena , uno titulado El otro . De hecho es el primera de esta colección. En este cuento Borges está igualmente sentado en un banco, contemplando el río Charles, durante su estancia en Cambridge. Este Borges bordea los ochenta años y, sorprendido en su contemplación -o a causa de ella misma- a otro lado del banco se sienta un joven. Esta presencia a su lado no es otro que un Borges de 18 años, éste último afirma estar en ese mismo instante en Ginebra, en un año que bien podría ser 1918, y que el banco que ocupa está frente al Ródano -quizás donde estoy ahora redactando este texto-. Pero a mi lado no hay nadie. Sólo veo unos patos que se dejan llevar por la fluidez del río. Acaban de pasar unas pocas horas y ya no estoy sentado en...

Guadalupe Nettel y los animales

De mi última visita a Madrid pude traer a casa muchos libros que quería leer. Los he colocado sobre mi escritorio siguiendo más o menos un criterio que sé de antemano que no respetaré. Pero había un libro que tenía premura de leer: El último libro de Guadalupe Nettel. Su anterior conjunto de cuentos, Pétalos, ya me había cautivado por la presencia, digamos, de una estética de la mirada; historias en las que los cuerpos y los sentimientos se distorsionan en plena contemplación. Es decir, los vemos mejor mientras se están distorsionando. Ahora, con El matrimonio de los peces rojos (Páginas de espuma, 2013), Nettel da un paso más adelante. En las cinco historias de este libro la sutileza se impone, pero de un modo particular. Normalmente estamos acostumbrados como lectores a que si el narrador nos cuenta la historia, en un primer o segundo plano, de un objeto, animal, o una anécdota trivial, nosotros de inmediato establecemos la correspondencia con los personajes principales....

Casa-Habitación

El primer cuento que aparece en mi libro de cuentos 'Habitaciones', aparecido en febrero de 1993, se llama "Buenos muchachos" y fue escrito durante una clase del curso Literatura colonial hispanoamericana, impartida por el profesor Enrique Carrión Ordoñez. No es que lo escribiera por evadirme de la clase, muy por el contrario, su inmediata escritura se debió al gran estímulo por la literatura que trasmitía este profesor. Esto debió ocurrir a finales del año 90. En esta época asistía todos los sábados a las reuniones del Grupo Centeno y decidí escribir un cuento dedicado a cada uno de los integrantes de este desaforado grupo. Recuerdo también que por esos años leía mucha literatura del Boom y del llamado Postboom. Lo que descubrí en aquel entonces es que mientras más quería escribir como ellos, más me diferenciaba. Fue uno de los primeros momentos en los que asumí que mi voz narrativa, como la de varios de mi generación, estaba yendo en otras direcciones....

Volver

Volver. No pocas veces me he preguntado si realmente sé volver a Lima, mi ciudad natal. Todo haría pensar que solo es cuestión de subir al avión e ir, viajar, llegar. Una cadena de acciones. Pero no. No es así. Yo necesito saber volver. Necesito aprender y asumir que mi desplazamiento físico acarreará algo más que ser depositado en un punto del espacio que debo reconocer como mi espacio original, mi punto de origen. Y es allí que descubro que mi tiempo de llegada no coincide con mi tiempo de volver. Es por esa razón que suelo atravesar por un periodo en el que me imagino que estoy retirando la rémora, rascando el coral para aproximarme a esa piedra primera que me resisto a aceptar que ya no existe. Porque solo existe el revestimiento que perdura la forma del espacio al que anhelo volver. Visto así, para mí volver es una ilusión. Y la ilusión se aprende.

Continuará… (2)

En mi novela Mientras huya el cuerpo hay un personaje llamado Apolinario. Pero Apolinario también existe. Es mi suegro. Y digo también porque de alguna manera ahora hay dos, el del libro y el que anda por las calles de Lima. Tienen el mismo oficio, han pasado lo mismo –bueno, casi- y ambos son insondables. En la novela, en uno de sus apartados, hablo de lo que Apolinario piensa sobre la muerte. El personaje (como también el real) hace un recuento de sus accidentes automovilísticos, en todos con él como conductor, y los muertos acumulados en su haber. En todos esos accidentes, además, él salió siempre ileso. Y fue después de esta macabra acumulmación de cadáveres, que él decide no ir a más de 30 kilómetros por hora en su viejísimo wolkswagen color guinda. Como es obvio, ejecutar esta decisión en Lima puede ser tan peligrosa como ir a 120 km/h . Todo esto lo planteo y discuto en la novela y me da pie para ampliar al respecto y continuar con la reflexión sobre la muerte. Lo que no me...