Las novelas pueden ser clasificadas de muchas maneras. Hoy, para lo que pretendo decir, creo que conviene hablar de las novelas "Moby Dick" y las novelas "El viejo y el mar". Ambas van tras grandes objetivos, pero con estrategias distintas. Las primeras son novelas que plantean, explícita y/o simbólicamente, que hay grandes batallas en la vida, en las que intervienen todas las fuerzas. El segundo grupo de novelas se sostiene en la sutileza de lo cotidiano. Aquí las pequeñas luchas modifican a sus protagonistas de un modo sensible y trascendente. Es en este grupo que incluyo a Los abismos, novela de Pilar Quintana. Algunos lectores, me incluyo entre ellos, podrían creer al principio que no sucede nada complejo porque vemos una familia en trances de infidelidad, depresiones que son ocultadas con eufemismos y constantes postergaciones a los anhelos de las mujeres. Es decir, nada que no hayamos vivido y visto en nuestras familias. Y allí reside el golpe certero de esta novela. Con la mayor de las sutilezas te va abriendo los ojos y te enrostra lo que habías normalizado, lo que ya no veías o no querías ver. Por supuesto, hay lectores que tienen los ojos muy abiertos desde la primera línea y muestran empatía con la familia de la narradora, Claudia, y con ella misma, una niña que va descubriendo los dolores y las frustraciones insondables de su madre, pero también de muchas mujeres de su familia, de las mujeres de su entorno, de las mujeres del jet set que habíamos idealizado en las pantallas y las revistas. Este libro podríamos asumirlo también como una novela de aprendizaje. Claudia ama, admira y quiere ser como su madre, bella como su madre, pero luego, poco a poco, va descubriendo, sin poder comprenderlo del todo, que esa posibilidad de vida como mujer es y será una amenaza, un abismo en plena selva que la está esperando.
En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia (no a la de ser competentes , sino más próximos a los caballos en los hipódromos). El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que el dinosaurio ni más grande que Monterroso.

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