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Y adentro también


 

He leído ALLÁ FUERA HAY MONSTRUOS, de
Edmundo Paz Soldán
. Su lectura me atrajo por diversas razones. Por un lado, esta novela se estructura en secuencias cortas, a modo de fundidos negros como en el cine - es una historia muy visual -, o como latidos de un cuerpo que es la novela misma. Cada secuencia es un latido, un instante de vida, vida que se torna frágil o se tensa ante la amenaza de un terrible virus. Estas secuencias narrativas están articuladas por la voz y perspectiva de una adolescente. Ella es hija de una enfermera de Urgencias en una provincia que muy bien podría corresponder a cualquier país latinoamericano. Voz narrativa bien escogida, puesto que permite adentrarnos en una mentalidad en transición, que se desarrolla bajo las particularidades de una pandemia. Así, todo lo que experimenta se muestra como normal, cotidiano, donde lo peor del ser humano libra batallas diarias. Para ella la incertidumbre por sobrevivir se convierte en una marca de todos los días.
Otro aspecto valioso de la novela, entre tantos otros, es haber logrado una atmósfera distópica que, paradójicamente, es al mismo tiempo real. Lo cual nos revela que, ante estas situaciones sanitarias de riesgo y muerte, quienes detentan el poder lindan con lo dictatorial y quieren imponer una mirada de acuerdo a sus necesidades. Esto propicia en la novela bandos enfrentados, una lucha por imponer una noción de realidad, una realidad, finalmente, siempre amenazada.

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