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Volver


Volver. No pocas veces me he preguntado si realmente sé volver a Lima, mi ciudad natal. Todo haría pensar que solo es cuestión de subir al avión e ir, viajar, llegar. Una cadena de acciones. Pero no. No es así. Yo necesito saber volver. Necesito aprender y asumir que mi desplazamiento físico acarreará algo más que ser depositado en un punto del espacio que debo reconocer como mi espacio original, mi punto de origen. Y es allí que descubro que mi tiempo de llegada no coincide con mi tiempo de volver. Es por esa razón que suelo atravesar por un periodo en el que me imagino que estoy retirando la rémora, rascando el coral para aproximarme a esa piedra primera que me resisto a aceptar que ya no existe. Porque solo existe el revestimiento que perdura la forma del espacio al que anhelo volver. Visto así, para mí volver es una ilusión. Y la ilusión se aprende.

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