En mi
novela Mientras huya el cuerpo hay un personaje llamado Apolinario. Pero
Apolinario también existe. Es mi suegro. Y digo también porque de alguna manera ahora hay dos, el del libro y el
que anda por las calles de Lima. Tienen el mismo oficio, han pasado lo mismo –bueno,
casi- y ambos son insondables. En la novela, en uno de sus apartados, hablo de
lo que Apolinario piensa sobre la muerte. El personaje (como también el real)
hace un recuento de sus accidentes automovilísticos, en todos con él como
conductor, y los muertos acumulados en su haber. En todos esos accidentes, además,
él salió siempre ileso. Y fue después de esta macabra acumulmación de cadáveres,
que él decide no ir a más de 30 kilómetros por hora en su viejísimo wolkswagen
color guinda. Como es obvio, ejecutar esta decisión en Lima puede ser tan
peligrosa como ir a 120 km/h .
Todo esto lo planteo y discuto en la novela y me da pie para ampliar al
respecto y continuar con la reflexión sobre la muerte.
Lo que
no me esperaba era que Apolinario saliera, a pocas semanas de aperecida la
novela, en todos los medios de prensa escrita y virtual. Se trataba de una
tremenda colisión en plena Vía Expresa, en la que una 4x4 a toda velocidad,
asumiendo que todos los demás vehículos iban a rapidez semejante, se dio
directamente con el casi inmóvil wolkswagen guinda de mi suegro. Ambos carros
dieron vueltas por los aires, casi como en las películas, según dijeron los
testigos. El equipo de seguridad de la moderna 4x4 activó al instante el airbag
y protegió a su conductor (que para colmo de casualidades, resultó ser compañero
de clases de un amigo mío) y no tuvo mayores daños. Pero dentro del wolkswagen
guinda no había absolutamente nada a activarse. Ni siquiera el cinturón de
seguridad funcionaba. Lo sé porque yo fui en ese carro semanas antes. Y se lo
dije. Pero él siempre me respondía que no me preocupara, que “los sensores se
estaban activando”. Lo cierto es que Apolinario salió una vez más ileso. Incluso
puse en Google: Apolinario+accidente+vía expresa para ver algunas imágenes y di
con terribles fotografías videos que muestran a mi suegro dentro de su carro,
desmayado. Y en las fotos siguientes se le ve saliendo en sus dos pies.
Todo
esto me ha llevado a replantearme sobre la relación del escritor con sus
personajes de textos llamados de autoficción. Si ya naturalmente los escritores
sienten que sus novelas siempre serán mundos inacabados, en estos casos de la
autoficción se llega a situaciones disparatadas.
Lo única
certeza que me queda es que ese wolkswagen guinda no va a andar más. O sí.
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