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Continuará… (2)


En mi novela Mientras huya el cuerpo hay un personaje llamado Apolinario. Pero Apolinario también existe. Es mi suegro. Y digo también porque de alguna manera ahora hay dos, el del libro y el que anda por las calles de Lima. Tienen el mismo oficio, han pasado lo mismo –bueno, casi- y ambos son insondables. En la novela, en uno de sus apartados, hablo de lo que Apolinario piensa sobre la muerte. El personaje (como también el real) hace un recuento de sus accidentes automovilísticos, en todos con él como conductor, y los muertos acumulados en su haber. En todos esos accidentes, además, él salió siempre ileso. Y fue después de esta macabra acumulmación de cadáveres, que él decide no ir a más de 30 kilómetros por hora en su viejísimo wolkswagen color guinda. Como es obvio, ejecutar esta decisión en Lima puede ser tan peligrosa como ir a 120 km/h. Todo esto lo planteo y discuto en la novela y me da pie para ampliar al respecto y continuar con la reflexión sobre la muerte.
Lo que no me esperaba era que Apolinario saliera, a pocas semanas de aperecida la novela, en todos los medios de prensa escrita y virtual. Se trataba de una tremenda colisión en plena Vía Expresa, en la que una 4x4 a toda velocidad, asumiendo que todos los demás vehículos iban a rapidez semejante, se dio directamente con el casi inmóvil wolkswagen guinda de mi suegro. Ambos carros dieron vueltas por los aires, casi como en las películas, según dijeron los testigos. El equipo de seguridad de la moderna 4x4 activó al instante el airbag y protegió a su conductor (que para colmo de casualidades, resultó ser compañero de clases de un amigo mío) y no tuvo mayores daños. Pero dentro del wolkswagen guinda no había absolutamente nada a activarse. Ni siquiera el cinturón de seguridad funcionaba. Lo sé porque yo fui en ese carro semanas antes. Y se lo dije. Pero él siempre me respondía que no me preocupara, que “los sensores se estaban activando”. Lo cierto es que Apolinario salió una vez más ileso. Incluso puse en Google: Apolinario+accidente+vía expresa para ver algunas imágenes y di con terribles fotografías videos que muestran a mi suegro dentro de su carro, desmayado. Y en las fotos siguientes se le ve saliendo en sus dos pies.
Todo esto me ha llevado a replantearme sobre la relación del escritor con sus personajes de textos llamados de autoficción. Si ya naturalmente los escritores sienten que sus novelas siempre serán mundos inacabados, en estos casos de la autoficción se llega a situaciones disparatadas.
Lo única certeza que me queda es que ese wolkswagen guinda no va a andar más. O sí.

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