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Los novísimos y la novela francesa

Como es natural en Francia, en los medios literarios se habla de la rentrée 2008. Seguramente hay grandes novedades como también enormes decepciones. Y me parece bien que así sea. Significa que más allá de lo que digan los medios y la crítica, al fin y al cabo cada libro tendrá sus lectores con sus respectivas opiniones. Por supuesto, a todos nos gusta que nos recomienden libros y eso es lo que hace hoy Le Figaro Littéraire al presentar a diez escritores que acaban de publicar sus primeras novelas. Dicen que esta selección (siempre arbitraria, inevitablemente) la hicieron entre un grupo de 91 escritores. Esto lo hacen cada año y nos llevaría a suponer que la novela francesa está muy productiva. Sin embargo, desde hace algún tiempo más de un crítico ha anunciado la muerte de esta literatura, especialmente en Estados Unidos. Bueno, dentro de Francia también se ha dicho esto (están las afirmaciones, entre otros, de Tzetvan Todorov y Dominique Fernández, en La Littérature en péril y L’Art de raconter, respectivamente). Yo creo que la novela francesa no está en su mejor momento, como lo podría estar la novela en lengua inglesa, por ejemplo, pero tampoco se encuentra arrimada en la mediocridad. Algo que también está pasando es que la mirada ya no está en Francia. No como antes. Cosa semejante les pasó a los escritores latinoamericanos después del Boom; no lo olvidemos. Que las traducciones del francés a otras lenguas hayan disminuido no quiere decir que no haya algo notable por traducir. El tema de las traducciones también se da por modas; basta mirar la cantidad de traducciones de novelas chinas de escritores contemporáneos. Ya le volverá a tocar a Francia, estoy seguro.
Ahora bien, no está demás saber qué están escribiendo estos novísimos novelistas franceses. Entre los diez seleccionados Le Figaro apuesta por Tristan Garcia y su novela La meilleure part des hommes. De esta novela es curioso que destaquen que el autor la define como una novela anti-autoficción. Es más, se habla de una generación dispuesta a poner fin las novelas autobiográficas. En esta línea también destacan a Jean-Baptiste Del Amo, Une éducation libertine, y a Tristan Jordis, Crack. Al parecer más de uno ya se hartó de ello. No obstante, en su propia lista se filtran más de un autor entregado aún a la autoficción. Tampoco se trata de negarla, relegarla y restarle sus aportes a la novela francesa, que son indiscutibles. Entre estos nuevos “intimistas” presentan a Julien Almendros, Vue sur la mère; Thierry Dancourt, Hôtel de Lausanne; Blanche de Richemont, Pourquoi pas le silence; Justine Augier, Son absence, y Alma Brami, Sans elle. También los hay los que toman un poco de todo y tratan de escribir libros herederos de diversas tradiciones. Aquí hablan de Johann Trümel, La Marge molle, y Aude Walter, Saloon. Esta última novela transcurre en la costa Este de Estados Unidos y se anuncia como una novela que “sube a la cabeza como un trago de un licor fuerte, destila un placer violento y deja sus huellas.” Seamos curiosos.

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