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Bajo las aguas y bajo el cielo



Fue aceptada en casa de su hermana con la condición de mantener cierto recato. Además de su marido, en esa casa se alojaban sus tres cuñados, muchachos cuya febrilidad había que amenguar con duchas frías, que no duraban más de tres minutos, pues luego se habituaban a esa temperatura y ya sabemos lo que pueden pasar bajos estas aguas del Todopoderoso. A aquella muchacha le quedó clara la advertencia y siguió al pie de la letra todo lo aconsejado. Es más, primero se recogió el cabello, luego se lo cortó casi al ras de la nuca, y uso ropas holgadas, pantalones de tela ríspida y color desagrables. Hasta se podría decir que parecía un muchachito más de aquella casa.

En el periodo Edo, a mediados del XVII, en el Japón prohibieron actuar a las mujeres en las obras del teatro kabuki, puesto que los samurais se agarraban a sablazos entre ellos para ganarse el amor de una de ellas. En su lugar fueron muchachillos quienes representaron los roles femeninos.
Como es sabido, los samurais no disminuyeron ni un solo sablazo.

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