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Todos los cuentos, el cuento


Como muchos lectores –todos debiera decir- de Fernando Iwasaki, he reído y disfrutado a cantidades de su último libro España, aparta de mí estos premios, recientemente editado por Páginas de Espuma. Estoy seguro de que muchos de esos ellos justificarán su risotada aduciendo que Iwasaki ha pintado perfectamente a la sociedad española, a su política, la saturación de sus medios de comunicación, etc. Y es verdad, debajo de esas historias desaforadas, con japoneses que brotan como si fueran champiñones, descubrimos personajes con los que nos topamos todos los días, que rondan por las calles o platós de tele u ocupan escaños en alianzas políticas poco menos que hilarantes. Pero en este libro veo gratamente que hay mucho más: que ese reconocimiento en el otro, y reírse de ese otro y de uno mismo, entra en una crisis total. He allí, debo admitir, el placer de mi lectura.
Este libro plantea qué es ser español, y para aproximarse a su respuesta se hurga en su pasado, se rastrea hasta el fondo, y lo que se haya es un japonés. Y va también en doble sentido: lo japonés se desdibuja, se hace ibérico, y va adquiriendo formas híbridas. Y esto lo vemos no sólo a nivel del argumento, sino también en el conjunto del libro, cuando notamos que los cuentos son variantes de lo que podríamos llamar un tronco argumental. El cuento se va adaptando camaleónicamente a unas bases muy concretas de distintos premios literarios, que sobre todo quieren destacar la identidad de alguna región u organización u agrupación local, etc. Pero, como paradójico resultado, vemos que la sociedad se va pareciendo al camaleón.
No me cabe duda que Fernando Iwasaki se ha preguntado por años, y se lo han preguntado por esos mismos años, qué identidad asume sabiendo de sus orígenes japoneses, peruanos, italianos y también españoles. Definitivamente no hay respuesta. No tendría por qué haberla. Lo que hay es un libro estupendo que consigue que después de reírnos tanto nos demos cuenta de que se nos ha caído la máscara.

Comentarios

Anónimo dijo…
Esa expresión "No me cabe duda de que..." es gravísima. Es: No me cabe duda que... ¿Así es capaz de promocionar como maestro del cuento?
No me cabe duda que usted es ahora el maestro. Gracias.

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