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Modiano, dossier

Hoy acaba de aparecer una nueva entrega de Le Magazine Littéraire y, para mi sorpresa, en este número hay un dossier dedicado a Patrick Modiano. Lo compré de inmediato y lo estoy leyendo con mucho placer. Y hay, para sus seguidores, una entrevista imperdible, realizasa por Maryline Heck. Por eso decidí, para compartirla con ellos, y con ustedes, traducir a la volada, algunos fragmentos. Aquí va:

De lejos, Un pedigrí ha significado un giro en su obra: usted publica por primera vez un libro estrictamente autobiográfico, en el cual revelaba frontalmente ciertos elementos de su vida que aparecían de una manera velada en sus novelas (…)

Yo hubiera creído que el rizo estaba rizado, que estaba liberado de ciertas cosas, pero la idea de que uno puede pasar a otra cosa es un poco una ilusión. Somos prisioneros de nuestro imaginario, como somos prisioneros denuestra voz. Lo que es terrible. Yo siempre tuve la impresión de escribir el mismo libro. Un pedigrí se refracta en los otros; y, según creo, no tiene otro interés que conectarse con los otros libros. Lo que evoco en Un pedigrí son cosas que me han pasado, pero que no me concernían profundamente. Yo lamento no haber podido escribir un libro en el cual yo hubiera hablado de una infancia armoniosa, como yo lo había disfrutado en ciertos escritores rusos. Como Speak, Memory: An Autobiography Revisited de Nabokov, en la que la infancia es una suerte de paraíso perdido.

¿Este libro ha marcado para usted el fin de la escritura autobiográfica?

Sí. Porque le escritura autobiográfica siempre me ha molestado. Si uno quiere verdaderamente hablar de cosas íntimas, que nos conciernen, es un poco delicado… Pienso que hay un tono autobiográfico que no es del todo preciso. Para Un pedigrí era fácil porque yo hablaba de cosas de las que me quería librar. Pero si queremos de verdad entrar en la vida de un sujeto, estamos obligados a hablar de cosas muy íntimas, de personas que han estado involucradas en nuestra vida… Uno no está seguro que dice verdaderamente cosas precisas sobre ellas. Esto es muy peligroso, siempre hay olvidos, voluntarios o involuntarios. Me han gustado ciertas autobiografías, como la de Nabokov o Mendelstam. Pero en algún momento me han hecho reír un poco. Existe un lado caso ridículo, sobre todo en los hombres… una manera de atribuirse un buen rol. Yo pienso que no encontraría nunca el tono preciso si escribiera una autobiografía. Extrañamente, he tenido la impresión de acercarme más a mi propia vida dentro de la ficción.

[…]

¿Concretamente, como transcurre su trabajo de escritura?

Yo escribo todos los días. Como el acto de escribir no me es del todo agradable, trato de librarme de esto lo más rápido posible. Pero escribo todos los días, sino pierdo el hilo. Si yo saltaba un día o dos, corría el riesgo de abandonarlo todo. Es necesario darse marcos precisos, sino todo se va al agua. Por otro lado, yo nunca logro escribir por mucho tiempo. Me ha fascinado siempre escuchar a escritores decir que ellos son capaces de escribir seis horas de corrido… Soy incapaz de esto. Yo pienso todo el día, pero el momento de escritura dura en sí apenas una hora. Esto me hace pensar en ciertos cirujanos que son obligados a hacer las cosas rápidamente, sino sus manos tiemblan. Al principio escribo de un premier envión, y enseguida hay una fase de corrección que es interminable, que dura más que el tiempo de la misma redacción. Son correcciones de detalles, suprimo, cambio palabras, esto no acaba… Yo puedo pasar así ocho horas seguidas. Escribo a mano, no utilizo computadora. Yo lo lamento sin embargo; pero ahora ya no es posible, es muy tarde para que yo aprenda. Esto me hubiera facilitado las cosas, principalmente para este trabajo de corrección tan preciso.

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