En Francia no hay encuentros, coloquios, congresos de narradores o poetas jóvenes. No hay revistas que los represente. Aquí no hay antologías para escritores nacidos entre 1960 y 1990 o 1968 y 1992 o 1970 y 1995. Rara vez se reunen en un bar. Muy pocos se conocen entre sí. ¿Dónde se están, entonces? Pues están en todas partes. No son numerosos y pasan inadvertidos. Pero están. La razón: ahora en este país a nadie se le ocurre distinguir a los escritores por edades. Los medios se detendrán en los novísimos, claro; habrá alguna foto de familia, entrevistas en común para algún suplemento. Eso es todo. Luego desaparecen en el mundo de la literatura francesa. En Inglaterra no es así. Granta es un ejemplo de ello. Busca estas promesas y muchas veces acierta. Buenas lecturas públicas y borracheras han compartido estos jóvenes. Y luego se diluyen en la literatura en lengua inglesa. Sin embargo, viendo estos ejemplos, me pregunto: en qué momento la literatura en lengua española comenzó a privilegiar “lo joven”? en qué momento pasó a ser una categoría rígida y excluyente?
Quisiera escribir en este blog más a menudo, pero no me quiero dejar llevar por los apuros y exigencias que imponen estas nuevas tecnologías. Por eso escribo cuando realmente me vienen muchas ganas de hacerlo. Como ahora, a pesar de lo que me ha sucedido; o, lo digo de una vez, a causa de lo que me ha sucedido. Esta mañana, movido por unas ansias enormes trasladé de un punto a otro unas cajas pesadas, llenas de libros nuevos, que habían llegado a la biblioteca en la que trabajo. Entre muchas novedades, habían llegado los libros del argentino Sergio Chejfec. El entusiasmo, sin embargo, se difuminó cuando me fueron ganando unas intensas punzadas en la muñeca de la mano derecha. Dejé los libros de lado, observando como mi mano poco a poco iba alcanzando otras dimensiones. Accidente de trabajo, me dije, y me fui directo al servicio médico. En efecto, la doctora no hizo más que confirmar que se trataba de un esguince. Una férula por quince días y será historia pasada, es lo que me dijo. Lu...
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