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Mostrando las entradas de septiembre, 2008

Delfín

Cuando al fin pudo ser admitido en el grupo de boys scouts, no se imaginó la enorme verguenza que sentiría al tener que gritar, junto con otros cinco muchachos en pantalones cortos, el lema de su patrulla: ¡cri, cri, cri! Su incomodidad ni siquiera disminuyó al observar cómo los otros integrantes de las demás patrullas lanzaban aquellos gritos ridículos una vez que sus respectivos guías les daban el tono de lema: ¡Patrulla Leones, descanso, alerta, lema! Y lo mismo con la patrulla Tigres, Osos, Águilas, Tórtolos y otros animales que seguramente hubieran estado mucho mejor que pertenecer a la patrulla Delfines. No tuvo opción. Aquella patrulla era la que menos integrantes tenía y un muchacho de once años le venía bien. A los quince podría llegar, incluso, a ser jefe de patrulla. Eso le dijo el jefe del grupo al darle la bienvenida, y él se lo creyó. Hasta el momento de su llegada estuvo muy entusiasmado. Era lo que quería. Deseaba tener una camisa llena de insignias y usar una pañolet...

Microfictions

Hace ya algunos post hablé de Régis Jauffret. Poco antes de enterarme de la aparición de su libro Microfictions , muchos amigos aquí en Francia me decía que el microcuento (ficción breve) no tenía mayor acogida. A lo sumo, los carnets era lo más tolerado (y practicado). Sin embargo este enorme libro, que contiene quinientas historias, vino a quebrar estas afirmaciones y a tratar de crear cierta tradición. Y creo que es más saludable hablar de "crear una tradición" antes de "imponer una moda". Y no se crea que es camino fácil. La edición que tengo, por ejemplo, anuncia este libro como una novela. Hecho meramente editorial, claro. Tratan de que este libro tenga el aura de La vie mode d'emploi de Pérec. Pero son libros con propuestas diferentes. Aquí les dejo con la versión libre de uno de los cuentos de Régis Jauffret. Alzaheimer insonorizado El neurólogo me confirmó esta tarde que yo padecía la enfermedad de Alzheimer. El me prescribió unos medicamentos que ret...

Expresión eslovaca

Una amiga eslovaca, la primera que veía en mi vida, me contó que había huido de su país. Fue más específica aún: me dijo que abandonó a su familia porque su padre quería casarla con un hombre, un anciano adinerado que no dejaba de acosarla. Una historia muy común, pensé (pero no se lo dije). En realidad no le dije nada porque a duras penas lograba entenderla en un francés recién aprendido. Agregó, esta vez bajando la voz, que tuvo que matarlo. No entendí si se refería a su padre o al anciano. No se lo pregunté. Me quedé observándola, a la espera de que una mueca, una sonrisa, cualquier gesto, me revelará que se trataba de una broma. Su rostro permaneció con la misma expresión, entre triste y resignada. Sólo entonces me animé a preguntarle como se decía en su lengua : “¿tu padre te quería? ” Ella se irguió y dijo algo verdaderamente impronunciable. Me aclaró que así lo solían decir en su país. Luego me enseñó a decir “gracias” en eslovaco. No sé para qué; ya no tengo a quién decírselo.

Amigos y escritores

Hay un libro aparecido en 1998 del que, confieso, no tenía noticias. Y es un libro maravilloso para todos los que seguíamos -y seguimos a pesar de todo, la muerte incluso- a José Donoso. Hablo de un libro que recupera gran parte de su producción periodística. Se llama Artículos de incierta necesidad. No sé si este libro tuvo una difusión más allá de Chile. Y si no la tuvo, nunca es tarde, señores editores. En su lectura tuve casi el mismo placer que experimenté cuando leí su Historia personal del boom. Libro que recomiendo a todos, en particular a los aspirantes a escritores. Lo que me sorprende, y me encanta, es encontrar que el tema de la amistad aparece en muchos de sus artículos. Inclusive reitera anécdotas, como la referida a la muerte de Rubén Darío, en la cual cuenta que Valle Inclán deambulaba por las calles, llorando, lamentando la muerte del poeta y repitiendo como una letanía que ya no iba a tener a quién leerle sus manuscritos. También habla de las cotidianas visitas y pase...

Paul Auster y la traducción

Los lectores de Paul Auster saben del interés de este escritor por la cultura francesa. Saben, igualmente, que escribió poesía. Sin embargo poco se sabe de su relación con la traducción. Encontré la versión francesa de una entrevista a propósito de este tema hecha por Stephen Rodefer en 1985. Como sé que puede interesarle a más de uno, me aventuré a una retraducción. STEPHEN RODEFER.- ¿Cuándo comenzó a hacer traducciones? PAUL AUSTER.- A los diecinueve o veinte años, cuando era estudiante en Columbia. En la clase de francés nos hacían leer una serie de poetas –Baudelaire, Rimbaud, Verlaine- y yo lo hallaba apasionantes, aunque no siempre los comprendiera. El hecho de que fuesen extranjeros me intimidaba –como si una obra escrita en otra lengua hasta cierto punto no fuera real- y no fue más que intentando trasladarlos al inglés que yo comencé a entenderlos. En ese momento, se trataba para mí de una actividad estrictamente privada, de un método gracias al cual yo comprendía mejor lo que ...

Son unos genios

Me entero que en la reciente emisión de La Grande Librerie , dirigida por François Busnel, el escritor Régis Jauffret, autor de la reciente novela Lacrimosa , ganador el año pasado del premio France-Culture-Télérama por su libro Microfictions y gran desconocido en español, se refirió al autor francés que más libros ha vendido en los últimos tiempos: Marc Levy. Dijo que la labor de escritores como él era encomiable, que gracias a sus libros los franceses prefieren ir a las librerías antes que quedarse en casa frente a sus televisores. Para muchos escritores, digamos que serios o con proyectos que van más allá que la venta de sus propios libros, les ha quedado claro que el gran sistema editorial se sostiene económicamente por los autores best-sellers, por sus novelas que poco exigen y mucho entretienen al lector. Por ello ya no reniegan de éstos; por el contrario, están agradecidos y se permiten halagos irónicos. Los escritores de best-sellers, pues, han derivado para muchos en un mal ...

Mímesis

al blogger Los encontré practicando boxeo en el estacionamiento. Pocos metros antes de poder verlos, todavía caminando por la acera, podía oír los golpes y los resoplidos. Cuando llegué frente a ellos, no se detuvieron. Debí suponer que se encontraban concentrados en su deporte; su transpiración delataba que lo venían haciendo desde hacía buen rato. Sin embargo me incomodó que no se detuvieran o al menos me dijeran algo, un mínimo gesto de saludo. Nada. Por el contrario, me pareció notar en sus rostros un aire de molestia. No una molestia por sentirse observados, sino una que provenía de ser precisamente yo quien su único público. Traté de descubrir en sus miradas la complicidad para dejarme ajeno a su juego, o a su combate -lo mismo daba-. Pero no. Ellos no demostraban ninguna complicidad; más aún querían hacerse daño. La intensidad de los golpes fue en aumento; el esfuerzo, mayor. llegué a pensar, incluso, que veían mi rostro en el adversario; mis facciones repetidas en ambos y las c...

Los novísimos y la novela francesa

Como es natural en Francia, en los medios literarios se habla de la rentrée 2008. Seguramente hay grandes novedades como también enormes decepciones. Y me parece bien que así sea. Significa que más allá de lo que digan los medios y la crítica, al fin y al cabo cada libro tendrá sus lectores con sus respectivas opiniones. Por supuesto, a todos nos gusta que nos recomienden libros y eso es lo que hace hoy Le Figaro Littéraire al presentar a diez escritores que acaban de publicar sus primeras novelas. Dicen que esta selección (siempre arbitraria, inevitablemente) la hicieron entre un grupo de 91 escritores. Esto lo hacen cada año y nos llevaría a suponer que la novela francesa está muy productiva. Sin embargo, desde hace algún tiempo más de un crítico ha anunciado la muerte de esta literatura, especialmente en Estados Unidos. Bueno, dentro de Francia también se ha dicho esto (están las afirmaciones, entre otros, de Tzetvan Todorov y Dominique Fernández, en La Littérature en péril y L’Ar...

Los Palma: padres e hijos

Poco antes de venir a Burdeos, me pasé unos meses visitando regularmente la Casa Museo Ricardo Palma. Es indiscutible que hay un gran interés de parte de los especialistas y lectores comunes por la obra y la vida del reconocido autor de las Tradiciones peruanas; pero en este caso, yo no iba a su Casa-Museo por él, sino por lo que de su hijo aún restaba dentro de este lugar. Por aquel entonces se me había encomendado preparar una edición de la prosa de ficción de Clemente Palma y yo ya la tenía prácticamente lista. En el Perú se sabe muy poco de este escritor. Por las lecturas obligatorias de la escuela se conoce su cuento Los ojos de Lina y su predilección por el cuento fantástico; se sabe que desdeñó la poesía de César Vallejo y que fue un crítico bilioso, y que fue un racista desembozado. Lo que descubrí en la Casa-Museo de su padre fue un puñado de cartas que se escribieron mientras Clemente vivía en Barcelona. Eran los primeros años del siglo XX y Clemente Palma era un claro ejempl...