A pocos días de las elecciones presidenciales en el Perú, la incertidumbre va creciendo, pero vemos también, por lo que a medios de comunicación se refiere, que pareciera que la campaña anti-Ollanta y anti-Keiko va tomando cuerpo, que se puede convencer a un sector de indecisos. Sin embargo, logrando o no que los votos se concentren en Toledo, Kuczynski o Castañeda y puedan pasar a la segunda vuelta, no podemos dejar de lado que hay una población convencida en Ollanta o Keiko y que, sumados sus porcentajes, representan a la mitad del país. Entonces, contra quién se supone que estamos? contra estos candidatos? o queremos ganarle a esa otra mitad del Perú? Si esta vez estos dos candidatos no alcanzan sus objetivos, lo que seguirá quedando entre parte de esta población será un gran descontento, seguirán pensando que los políticos son corruptos, que los continuarán esquilmando y que nadie los representa. De algún modo, entonces, nosotros también participamos de una división del país. El argumento principal que esgrimimos contra estos dos candidatos es su escaso compromiso con la democracia. Argumento que, como mencioné en un post anterior, poco parece importar a esta mitad de ciudadanos. Por lo tanto, creo, un paso necesario y urgente entre todos los peruanos es analizar, reflexionar y buscar los mecanismos para sentar unas bases claras sobre la democracia. No se trata de acusar de ignorancia al que no tiene una conciencia democrática. Actitudes como ésta dividirían aún más al país y alimentaría un terreno ideal para los que tienen espíritu de liderzuelos. Hay que trabajar a partir del diálogo y no con aires paternalistas. Y esto no lo vamos a resolver en cuatro días previos a la votación, pero hay que comenzar.
Quisiera escribir en este blog más a menudo, pero no me quiero dejar llevar por los apuros y exigencias que imponen estas nuevas tecnologías. Por eso escribo cuando realmente me vienen muchas ganas de hacerlo. Como ahora, a pesar de lo que me ha sucedido; o, lo digo de una vez, a causa de lo que me ha sucedido. Esta mañana, movido por unas ansias enormes trasladé de un punto a otro unas cajas pesadas, llenas de libros nuevos, que habían llegado a la biblioteca en la que trabajo. Entre muchas novedades, habían llegado los libros del argentino Sergio Chejfec. El entusiasmo, sin embargo, se difuminó cuando me fueron ganando unas intensas punzadas en la muñeca de la mano derecha. Dejé los libros de lado, observando como mi mano poco a poco iba alcanzando otras dimensiones. Accidente de trabajo, me dije, y me fui directo al servicio médico. En efecto, la doctora no hizo más que confirmar que se trataba de un esguince. Una férula por quince días y será historia pasada, es lo que me dijo. Lu...
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