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Divisiones

Ahora más que nunca consideramos al Perú un país dividido. Sí, lo está. Y algunos se benefician de ella o esperan hacerlo. Ese es el gran temor que tengo con Ollanta Humala como posible presidente. Pero él no es el culpable de esa división. Esa división tampoco es de ayer. Si hablamos de ella ahora es porque ha quedado claro que la clase media peruana, y la alta, que tan oxigenadas se sentían en estos últimos tiempos, han quedado políticamente fuera de juego. Podríamos todos los que no votamos por Humala o Keiko viciar nuestro voto, y nada cambiaríamos en lo sustancial. Con esto no invito a la resignación ni mucho menos. Es para reparar en el papel que se supone una clase técnica o de formación universitaria creía que tenía. Duele decirlo, pero mucho de todo este reclamo ha quedado como un simple lloriqueo en Facebook, el twitter o cualquier otra red social. Lloriqueo, por cierto, que se ha pasado muchas veces de la raya y ha mostrado el peor de los resentimientos. Y para qué andarnos con hipocresías Todos siempre hemos sido conscientes de la existencia de estos resentimientos y odios que van en todas direcciones, pero la tecnología hasta ahora no había permitido que nos los enrostren en cientos de mensajes y cadenas.

Yo hablé antes de una necesaria educación democrática. Pues bien, creo que ésta no podrá empezar si antes no aceptamos que no se trata de educar de un sentido al otro, sino sobre todo a uno mismo.

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