En las dos o tres últimas elecciones presidenciales en el Perú ha sido moneda corriente oír la expresión: «voy a votar por el menos malo» o, haciendo un alarde de buena conciencia: «prefiero viciar mi voto». Para mí está claro que no tengo un candidato que satisfaga mis expectativas, pero de lo que estoy seguro es de que no viciaré mi voto. Si bien es un derecho de cada votante, me parece que no estamos en el mejor momento para delegar una decisión tan importante en manos de otros, solo porque así creo que mantengo mi conciencia limpia y, de algún modo, sentirme más allá del bien y del mal. No. Si se tratara de un país en el que la democracia es sólida y no viera en riesgo sus pilares, vaya y pase. Pero en el Perú éste no es el caso. Para mí hay dos candidatos que ponen en riesgo esos pilares: uno es Keiko Fujimori y el otro Ollanta Humala. El caso de Keiko me parece el más humillante, pues detrás de ella hay más de una docena de titiriteros, empezando por su padre. Su experiencia política es nula, pero al parecer eso no le interesa a un gran porcentaje de peruanos. Es más, esa falta de experiencia hasta les puede parecer un buen signo. Con Humala no hay democracia que se sienta segura. Pero eso tampoco le parece incomodar a más de un 15% de peruanos. Y por qué digo que la democracia peligraría con él, pues porque su visión es polarizar a la sociedad, alimentar resentimientos y, teniendo un enemigo con rostro y etiqueta, se sabe que es más fácil mantenerse en el poder. Para ejemplos, mirar a Venezuela. Ahora, las tres opciones que me quedan: Luis Castañeda, P. Pablo Kuczynski y Alejandro Toledo. Desalentador, sin duda. Las propuestas en cuanto a política económica no difieren sustancialmente. No habría cambios radicales a lo que se viene haciendo, y me parece que gran parte de la clase media peruana se conformaría con eso. Pero no se trata de conformismos, de calles asfaltadas más o colegios menos, o medir el supuesto éxito económico que se vive por el número de conciertos de rock que a los que ahora sí más jóvenes de clase media o alta pueden asistir. Habría que medir la competencia de estos tres últimos candidatos en cuanto a la viabilidad de sus propuestas para con los sectores que aún no perciben y benefician de este supuesto crecimiento. En el caso de Castañeda, si Lima es un barco que se le hace aguas por todos lados, no quiero pensar lo que sería conduciendo al país. Si veo a Kuczynski, no niego sus capacidades técnicas, pero tampoco voy a tapar el sol con un dedo y creer que este técnico transformará sus cifras en seres humanos. Que mucha gente se beneficiaría (honestamente) con un gobierno de este hombre, qué duda cabe. Pero creo que hace falta mirar un poco más allá de nuestras narices clasemedieras. Esto me deja con
Hace un par de horas que desistí continuar con el paseo por el centro de la ciudad de Reims. Si bien el frío no era extremo -estábamos sobre 5 grados-, al cabo de un momento de andar por las calles me empezó un fuerte dolor de oídos. Por fortuna se trata de una ciudad pequeña y el recorrido lo hice relativamente rápido, a pesar incluso de detenerme a contemplar un viejísimo tiovivo veneciano que persistía en dar giros aunque no hubiera un solo niño sobre sus animales rodeados en un escenario de cartón piedra. Tratando de huir del viento helado volví a entrar en la Catedral. La había visitado la noche anterior con unos amigos, pero esta vez creí que sería el mejor lugar para recalentar mis oídos. Por supuesto, también quería volver a ver las esculturas de San Nicasio. Este mártir cristiano había sido decapitado por los bárbaros. La leyenda dice que se desplazó con su cabeza entre las manos para ir al lugar donde yacería su cuerpo. De esta manera este San N...
Comentarios
Un saludo,
Ricardo