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Ver de nuevo

Este será el primero de una serie de breves textos que vaya agregando a este descuidado blog. No es que los anteriores posts hayan sido extensos; la diferencia la hará el ser escritos y posteados desde un blackberry. Por qué? Hay dos razones: esta temporada la paso en gran medida dentro de tranvías, buses, trenes y, si bien suelo leer dentro de ellos, quiero probar la escritura de estos, su inmediatez, su difusión, su carácter efímero entre mis manos. Por otro lado me interesa ul uso de estos nuevos soportes tecnológicos y sus posibilidades en un lapso de tiempo de veras reducido, que es del que dispongo por ahora.
Por supuesto, esto durará lo que dure mi entusiasmo por esta novedad. Eso quiere decir que no hay que esperar demasiado. Soy consciente de la fragilidad de mis entusiasmos. Siempre fue así. Como cuando tenía 12 años y me compré un microscopio. Harto de ver múltiples pruebas de mi saliva, amebas de las aguas servidas y cuanta cosa susceptible de ser puesta entre las delgadas láminas de pruebas, terminé por desarmar y analizar el microscopio mismo. Satisfice una curiosidad, pero a riesgo de privarme la observación de lo mínimo. Veremos ahora qué tal me va con la contemplación de las cosas con las piezas de este viejo microscopio en que me he convertido.

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En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia (no a la de ser competentes , sino más próximos a los caballos en los hipódromos). El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que el dinosaurio ni más grande que Monterroso.

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La mano

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