Ir al contenido principal

¿Qué nos falta?

He leído a varios críticos y escritores afirmar que el microrrelato se está escribiendo masivamente y con la mano izquierda. Lo mismo dicen de las novelas que hablan de escritores y la autoficción. Lo mismo de los escritores que publican novelas que no parecen novelas y mezclan ensayos, crónicas y otras formas de escritura. Que ya son muchos los que escriben policiales sangrientos, políticos, históricos, y que el medioevo ya está exprimido como un limón. En España ese limón se llama Guerra Civil y dicen que ya nadie lo aguanta.
Esos críticos y esos escritores tienen razón. ¿Qué nos falta? ¿Que venga un anciano alucinado que asuma que todos estos géneros y subgéneros son uno solo y que los tomé como modelo de vida? ¿Que se enamore y se atreva a salir de casa? Por suerte hay quienes dudan de los tiempos cíclicos.

Comentarios

LuchinG dijo…
¿Microrelatos escribiéndose masivamente? ¿Dónde?
Pues en todas partes. En los últimos años han incrementado los concursos de microrrelatos. Incluso en España hubo un concurso a través de teléfonos móviles (celulares para nosotros). Recuerdo otro que es sólo sobre el tema de los abogados. Las páginas web y blogs al respecto son innumerables. Y los congresos también se multiplican. Esto no para, hombre; te lo digo.
Anónimo dijo…
Ricardo, cómo quisiera enamorarme y salir de casa.

Entradas más populares de este blog

¿Quién es más grande que Monterroso?

En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia (no a la de ser competentes , sino más próximos a los caballos en los hipódromos). El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que el dinosaurio ni más grande que Monterroso.

Pericote

En el aeropuerto de Schiphol, en Holanda, uno de los más modernos del mundo, me acabo de cruzar con un pericote. Es muy pequeño. Tengo la impresión de que no tiene muchos días de nacido. No parece saber a dónde ir ni cómo conseguir alimento. No es que se sienta aterrado. Casi no hay gente por este lado del aeropuerto. Son casi las cinco de la mañana. El pericote va de un lado al otro, como si dudara de su trayecto, y vuelve al punto inicial desde donde lo vi aparecer. Me hace acordar la época en la que yo frisaba los veinte años. Era diciembre y mi madre había atrapado una rata. Ella estaba tranquila, pues no quería que la navidad nos atrapara con semejante roedor. Sin embargo, unos chillidos dentro de la caja de adornos navideños nos reveló que la rata nos había dejado algo. Recuerdo que la tarde había caído y mi madre me pidió que la ayudara a deshacernos de los pericotes que seguramente se hallaban dentro de la caja. En esa época yo aún era estudiante de ingeniería, pero en mi ca...

La mano

Quisiera escribir en este blog más a menudo, pero no me quiero dejar llevar por los apuros y exigencias que imponen estas nuevas tecnologías. Por eso escribo cuando realmente me vienen muchas ganas de hacerlo. Como ahora, a pesar de lo que me ha sucedido; o, lo digo de una vez, a causa de lo que me ha sucedido. Esta mañana, movido por unas ansias enormes trasladé de un punto a otro unas cajas pesadas, llenas de libros nuevos, que habían llegado a la biblioteca en la que trabajo. Entre muchas novedades, habían llegado los libros del argentino Sergio Chejfec. El entusiasmo, sin embargo, se difuminó cuando me fueron ganando unas intensas punzadas en la muñeca de la mano derecha. Dejé los libros de lado, observando como mi mano poco a poco iba alcanzando otras dimensiones. Accidente de trabajo, me dije, y me fui directo al servicio médico. En efecto, la doctora no hizo más que confirmar que se trataba de un esguince. Una férula por quince días y será historia pasada, es lo que me dijo. Lu...