Ir al contenido principal

Sexo por amor y algunas páginas

Como es sabido por muchos, el Salón de Libro de París tendrá como país invitado a México. Es meritorio el gran esfuerzo de los mexicanos por difundir su literatura (su cultura en general, debo precisar). Tanto así, que circulaban listas de mexicanos invitados antes que los escritores mismos se enteren. En Perú los escritores ya se habrían sacado los ojos por formar parte de esa lista, algo así como cien pirañas alrededor de una brocheta de pollo. Y los organizadores? pues ellos estarían concentrados en determinar si ofrecer Pisco o ceviche el día de la inauguración. O determinar si invitaban a la cantante Susana Baca o Eva Ayllón (estupendas cantantes; las admiro; búsquenlas en youtube, pero ustedes saben de qué hablo).
Bueno, a lo que quería ir. A propósito de la invitación de México a este salón de libro, la consigna de los editores franceses fue buscar escritores, lo conocidos y los que no. Incluso les han pedido a ciertos traductores habituales que busquen ciertas temáticas precisas. Y entre ellas está la novela erótica. Sí, al parecer hay una editorial francesa a la caza de sobadas, escarceos, lamidas y demás ocupaciones con sabor a polvo mexicano. Y, según tengo entendido, hallaron sin problemas libros a traducir. Bien por ellos. Pero cierto día un traductor, de puro curioso, me preguntó cuáles eran los escritores peruanos que desarrollaban la narrativa erótica. ____________ Largo silencio. Primero recordé El elogio de la madrastra de Vargas Llosa, y otras del mismo escritor donde los polvos transcurren con toda soltura. Asimismo se vino a mi mente otras narraciones con buenos momentos de erotismo, como Canto de sirena de Gregorio Martínez y cuentos de Gálvez Ronceros. ¿Y qué más? ¿no hay más polvos en la literatura nacional? o como diría un personaje en Pantaleón y las visitadoras: acaso creen que no tenemos pishula? Claro que los hay! No sé por qué, pero tengo la impresión de que la narrativa peruana es tan solemne que los polvos tienen un aire de tristeza. No hay sexo espontáneo, libre, porque sí, como es tan pródiga la narrativa caribeña, por ejemplo. Parece que en la narrativa peruana todavía se tiene sexo por amor, o por desamor. _____________ otro largo silencio antes de que estalle a carcajadas.

Comentarios

LuchinG dijo…
¿Pero entonces no pasa nada con el libro de Carillo, el que fue sacado de una librerìa el año pasado? ¿Y què hay de ese libro, -Sexografìas, me parece- que una chica ha publicado hace unos meses? Aunque creo que este ùltimo son cronicas, no sè si cuenten como narrativa.

Entradas más populares de este blog

¿Quién es más grande que Monterroso?

En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia (no a la de ser competentes , sino más próximos a los caballos en los hipódromos). El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que el dinosaurio ni más grande que Monterroso.

Pericote

En el aeropuerto de Schiphol, en Holanda, uno de los más modernos del mundo, me acabo de cruzar con un pericote. Es muy pequeño. Tengo la impresión de que no tiene muchos días de nacido. No parece saber a dónde ir ni cómo conseguir alimento. No es que se sienta aterrado. Casi no hay gente por este lado del aeropuerto. Son casi las cinco de la mañana. El pericote va de un lado al otro, como si dudara de su trayecto, y vuelve al punto inicial desde donde lo vi aparecer. Me hace acordar la época en la que yo frisaba los veinte años. Era diciembre y mi madre había atrapado una rata. Ella estaba tranquila, pues no quería que la navidad nos atrapara con semejante roedor. Sin embargo, unos chillidos dentro de la caja de adornos navideños nos reveló que la rata nos había dejado algo. Recuerdo que la tarde había caído y mi madre me pidió que la ayudara a deshacernos de los pericotes que seguramente se hallaban dentro de la caja. En esa época yo aún era estudiante de ingeniería, pero en mi ca...

La mano

Quisiera escribir en este blog más a menudo, pero no me quiero dejar llevar por los apuros y exigencias que imponen estas nuevas tecnologías. Por eso escribo cuando realmente me vienen muchas ganas de hacerlo. Como ahora, a pesar de lo que me ha sucedido; o, lo digo de una vez, a causa de lo que me ha sucedido. Esta mañana, movido por unas ansias enormes trasladé de un punto a otro unas cajas pesadas, llenas de libros nuevos, que habían llegado a la biblioteca en la que trabajo. Entre muchas novedades, habían llegado los libros del argentino Sergio Chejfec. El entusiasmo, sin embargo, se difuminó cuando me fueron ganando unas intensas punzadas en la muñeca de la mano derecha. Dejé los libros de lado, observando como mi mano poco a poco iba alcanzando otras dimensiones. Accidente de trabajo, me dije, y me fui directo al servicio médico. En efecto, la doctora no hizo más que confirmar que se trataba de un esguince. Una férula por quince días y será historia pasada, es lo que me dijo. Lu...