Ahora que
soy un visitante en Francia y me reencuentro (de otro modo) con calles y
amigos, también me reencuentro con libros. En este caso quiero referirme a dos
escritores franceses jóvenes, que se encuentran en la veintena, y que al
parecer la crítica tiene puesto los ojos sobre ellos (y otros más). Ambos
debutaron como novelistas el 2013. Ellos son François-Henry Désérable, cuya
primera novela fue "Tu montreras ma tête au peuple" (Mostrarás mi
cabeza al pueblo). En este libro, dividido en diez capítulos, aborda los momentos finales
de personajes claves de historia francesa antes de ser llevados a la Plaza de
la Revolución para ser guillotinados. Lo interesante es que no se hunde en las
viejas retóricas de la novela histórica, sino que ofrece una mirada moderna (de
lo que supone ser moderno en el siglo XXI). Que un joven escritor francés
revisite su historia en estos días no es una casualidad. Al contrario, está
rodeado de causalidades.
El otro autor, aún más joven, es Clément Bénech. Ese año, el 2013, se inició con el libro " L'été slovène" (El verano esloveno). Aquí, en un registro muy diferente al de Désérable, Bénech apela al esquema del road movie. Una pareja de jóvenes franceses parten a Eslovenia en lo que debería ser un común viaje de vacaciones a un país hermoso y muy económico. Pero el trayecto se vuelve en una revisitación del amor a principios del XXI. La constante ironía del protagonista y narrador no hace más que poner en evidencia que para ellos ya no existe un lenguaje del amor. Quizás para nadie más exista ese lenguaje.
No sé si hay planes de traducción de estos autores, pero no estaría mal que los conozcan un poco más en nuestra lengua.
El otro autor, aún más joven, es Clément Bénech. Ese año, el 2013, se inició con el libro " L'été slovène" (El verano esloveno). Aquí, en un registro muy diferente al de Désérable, Bénech apela al esquema del road movie. Una pareja de jóvenes franceses parten a Eslovenia en lo que debería ser un común viaje de vacaciones a un país hermoso y muy económico. Pero el trayecto se vuelve en una revisitación del amor a principios del XXI. La constante ironía del protagonista y narrador no hace más que poner en evidencia que para ellos ya no existe un lenguaje del amor. Quizás para nadie más exista ese lenguaje.
No sé si hay planes de traducción de estos autores, pero no estaría mal que los conozcan un poco más en nuestra lengua.
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