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Mostrando las entradas de diciembre, 2014

Heridas

Me acabo de hacer un corte en el dedo meñique. Sucedió al pasar la hoja de un libro que vengo leyendo. Como se trata de un libro en gran formato y con muchas fotografías, el papel es muy fino, al parecer lo suficiente para que uno de sus bordes, cual lámina de navaja, dibujara una línea sobre la piel de mi dedo pequeño.  No estoy en casa. Me encuentro en un café al que he empezado a frecuentar desde hace poco. Está a unos diez minutos pie desde mi casa. Ahora suelo tomar la calle de donde vivo, rue Porte Dijeaux, y camino recto hasta la Place Gambetta. Me gusta atravesar esta plaza en diagonal. En medio tiene un diminuto lago artificial el cual se puede cruzar por un puente de madera igual de diminuto. Cuando llego al otro extremo de la plaza, sigo por la rue Judaïque y dos calles más adelante giro a la derecha, hacia la Place des Martyrs de la Résistance. Dejo atrás todos los comercios consecutivos y a los transeúntes que turistean por el centro de Burdeos. Por aquí sólo vienen lo...

El lago

Dentro de pocos meses cumpliré diez años de vivir en Burdeos. Como bien se sabe, los números redondos nos atraen y nos espantan en igual medida. Creo que esto se debe más razones ligadas a lo gráfico que a otra cosa. Es como si la forma oval del dígito cero nos representara a nosotros mismos, como si estuviéramos encerrados dentro y nos preguntáramos qué ha pasado en todo este tiempo y, sobre todo, qué pasará luego. Todo este tiempo en Burdeos, creo, va llegando a su fin. Pero antes de afirmarlo -cosa de la que no soy capaz ahora- me ha venido últimamente la pregunta de qué tanto he visto y vivido en esta ciudad. Nunca he creído en las reglas para conocer ciudades que ofrecen algunos escritores. Yo sólo he tratado de seguir viviendo con lo que poseo y preguntándome muchas veces de qué modo veo esta ciudad. El domingo último un amigo nos invitó a almorzar en su casa. Se trata de un hombre bastante mayor, un antiguo profesor de escultura, ahora jubilado. Su reciente viudez lo agobia -...

Oficio y beneficio

En un libro que reúne las clásicas entrevistas del The Paris Review acabo de releer una hecha a Ernest Hemingway. La primera vez que la leí, cuando tenía poco más de veinte años, me interesaba sobremanera hallar todos los consejos posibles sobre la escritura. Me entusiasmó enterarme de su marcada disciplina y sus tácticas para tener el "pozo lleno" de historias. Por alguna razón, asociaba estas enseñanzas de Hemingway con la imagen de un zapatero que trabaj aba cerca de mi casa, sentado en su pequeña banca, con su delantal de cuero y la boca llena de clavos, un cigarrillo colgando de un lado de sus labios y hablando con los clientes sin quitar la vista del zapato que claveteaba. Puro oficio, es lo que pensé entonces; y recuerdo haber tratado de aprovechar lo que se avenía mejor a mi forma de narrar. Con la entrevista entre manos, ahora me detengo en un comentario de pasada que hace Hemingway. Se nota que durante la entrevista estuvo bastante aburrido y que en general lo q...