En mi novela Mientras huya el cuerpo hay un personaje llamado Apolinario. Pero Apolinario también existe. Es mi suegro. Y digo también porque de alguna manera ahora hay dos, el del libro y el que anda por las calles de Lima. Tienen el mismo oficio, han pasado lo mismo –bueno, casi- y ambos son insondables. En la novela, en uno de sus apartados, hablo de lo que Apolinario piensa sobre la muerte. El personaje (como también el real) hace un recuento de sus accidentes automovilísticos, en todos con él como conductor, y los muertos acumulados en su haber. En todos esos accidentes, además, él salió siempre ileso. Y fue después de esta macabra acumulmación de cadáveres, que él decide no ir a más de 30 kilómetros por hora en su viejísimo wolkswagen color guinda. Como es obvio, ejecutar esta decisión en Lima puede ser tan peligrosa como ir a 120 km/h . Todo esto lo planteo y discuto en la novela y me da pie para ampliar al respecto y continuar con la reflexión sobre la muerte. Lo que no me...