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Una primera mirada al cuento contemporáneo en Francia


Para un lector obsesionado por los cuentos como puedo ser yo, descubrir la nueva cuentística francesa es revelador. No es sorpresa para nadie decir que este género no goza de amplia difusión en el mundo hispánico, que los editores son reticentes a este tipo de publicaciones y que sólo queda resistir. Y, por fortuna, es un género muy vigoroso. Pues bien, en Francia pasa lo mismo. Y, tal como está pasando en español, hay editoriales francesas independientes que bien las podríamos comparar con Páginas de Espuma, Menoscuarto y otras. Sólo en la región donde vivo puedo mencionar la labor de Editions Atelier In-8, Cataplum, básicamente dedicadas al cuento, pero también hay otras abiertas a este género como Monsieur Toussant Louverture o Editions de L’arvre vengeur, entre otras. Sin embargo, lo que sí sorprende es que los que publican suelen tener más de cuarenta años. En América latina y España vemos a jóvenes, a muchos jóvenes, armando sus libros de cuentos, debatiendo entre ellos, y, a pesar de crisis y enormes complicaciones, finalmente compartiendo sus publicaciones. Aquí difícilmente se encuentra en la misma ciudad más de dos cuentistas con menos de treinta. Y no es que la edad sea importante para escribir, pero sí llama la atención la escrupolosa reserva de estos autores franceses. Otro elemento diferenciador es que los galos alternan o fusionan la escritura del cuento con el teatro, la poesía, las instalaciones, performances, etc. De allí que encontremos textos de una plasticidad y un ritmo distintivos. Aquí puedo mencionar a cuatro escritores.
Uno de ellos es Claude Chambard (1950), escritor de reconocida trayectoria como poeta y que últimamente ha publicado dos relatos, La rencontre dans l’escalier y Le jour où je suis mort. El primer cuento nos introduce en un mundo de sensualidad y angustia; un traductor que no logra avanzar en su trabajo y que se ve poco a poco dominado por la presencia vaporosa, erótica, de su mujer, pero que no logra asir a medida de sus deseos. Estas dos frustraciones no hacen más que exacerbar los sentidos del protagonista, quien finalmente se sostiene en la palabra, en su propio discurso, antes de ser atrapado por el vacío y la muerte. El segundo cuento logra narrarnos desde un lenguaje minimalista, conciso, diríamos hasta cinematográfico, la relación de fidelidad entre dos hermanos que viven en un pequeño pueblo que bien podría ser francés, americano; en fin, de esos espacios olvidados por las grandes urbes. Y es en este espacio desolador, en el que aparentemente nada podría suceder, que se intensifican y se repotencian los hechos banales y éstos van adquiriendo un gran lirismo y todo, hasta la muerte, se torna un pacto fraterno.
El otro escritor es Eric Pessan (1970) y acabo de leer su cuento Croiser les méduses. Este es un texto que nos propone una sublime perversidad. Desde la perspectiva de una niña en plena pubertad, se nos va narrando la percepción del mundo, la reinterpretación de cada elemento que ha sido sensibilizado a través de su cuerpo en trasformación. Así, cada párrafo inicia con la nominación de un teléfono, un grito, una danza, una impresión, etc., y a partir de éste se irradian una serie de impresiones poéticas como si las estuviéramos mirando a través del cristal de una pecera.
Una autora reciente es Lucie Braud (1975), de quien he leído su primer cuento publicado Ferdinand. Este cuento es un claro ejemplo de alguien que no necesariamente se debe a la anécdota, al nudo evidente de nuestros cuentos clásicos en español. Este relato nos presenta un doble espejo entre el protagonista, su crecimiento y vida, y el de su nieta, la narradora. Podría pensarse que en esta historia no pasa de extraordinario, que podría ser solamente una suerte de homenaje de una nieta a su abuelo. Sin embargo, a través de una sutileza bien administrada, vemos que la voz de la narradora habla de su propio crecimiento, físico e espiritual, en relación a las imágenes de lo mejor de un hombre que se va eclipsando ante la presencia de todos.
Otro narrador, muy particular en su estilo, es Bruce Bégout(1967), quien tiene ya una amplia trayectoria y reconocimiento como filósofo. El ha publicado no hace mucho el libro de cuentos Sphex. En estos cuentos hallamos un marcado interés por lo que podríamos llamar un gótico urbano. En sus historias lo cotidiano va adquiriendo dimensiones sórdidas, llenas de personajes espectrales, pero que tienen también un trasfondo poético que surge de esta cotidianidad.
Podría ampliar sin duda esta lista y mencionar a otros narradores como Marc Pautrel o Jérôme Lafargue, pero prefiero ocuparme de ellos en otro futuro texto que siga dando cuenta de la vitalidad de la prosa breve.

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