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L'Horizon, nueva novela de Patrick Modiano

Acabo de enterarme de la aparición de una nueva novela de Patrick Modiano. Se llama l’Horizon. Espero comprarlo en estos días. Lo que comparto es el fragmento de una de sus primeras entrevistas sobre este libro. Sólo me quedo con algunas respuestas. Si no tengo tiempo y ganas (seguro que sí), coloco otros fragmentos de la entrevista echa por Par Marianne Payot y Delphine Peras.

¿A semejanza de su héroe, Jean Bosmans, también novelista, diría usted: “Eran siempre las mismas palabras, los mismos libros, las mismas estaciones de metro”?

Sí, yo tengo siempre la impresión de escribir el mismo libro. Cada vez que comienzo uno, como con un golpe de amnesia, olvido los anteriores y las mismas escenas vuelven. Es como una resaca, unas olas que no se detienen… Un fotógrafo que hace siempre la misma toma, pero desde ángulos diferentes. Con mis libros, sin darme cuenta, yo podría establecer, tal como los planos de metro en los que se iluminan las líneas, una suerte de red con combinaciones.

En qué momento encontró el título L'Horizon ?
Antes de comenzar a escribir. Mi personaje volvía de un pasado muy lejano, y yo deseaba que haya cierta intemporalidad y una abertura. Para dar también… como decirlo, es complicado… la impresión de que el presente se superpone sobre el pasado.
Usted habla regularmente de fantasmas del pasado dentro de sus novelas, quienes reaparecen repentinamente años más tarde. ¿Eso sucede en la vida «real” ?
No, desgraciadamente. Es por lo que, de una manera un poco infantil, llego a utilizar en mis novelas nombres verdaderos a mis personajes, esperando que alguien me dé signos de vida. Pero esto jamás lo he conseguido.
Sabía usted que hay otras herramientas modernas, menos románticas, que permiten encontrar personas… conoce usted Internet ?
Sí, no, en fin, lo hago de modo general, para documentarme, pero yo no sé enviar emails, por ejemplo. Hay algo de pereza, hay un momento en el que es demasiado tarde. Y luego, al mismo tiempo, encontrar a alguien así me parece un poco brutal, esto no me hace trabajar la imaginación.

Continua haciendo digitar sus manuscritos?
Sí, es absurdo también. Yo podría digitarlos en la computadora, pero yo necesito de esta distancia para poder corregir mis textos. En una pantalla, esto sería más simple, pero también muy rápido. Tengo miedo que la tensión se relaje. (…)

Está usted atento a lo que escriben los jóvenes novelistas. Ayuda a algunos a ser publicados.
Es decir, yo recibo una buena cantidad de manuscritos. Me alegra descubrir un nuevo novelista, esto me estimula. En conjunto, estos textos son sobretodo interesantes desde un punto de vista documental y humano –ellos muestran seguido un desasosiego total- pero los editores no los encuentran muy literarios. En mis inicios, la edición era todavía un medio artesanal, que no había cambiado desde los años 1930. Yo me pregunto si hoy los jóvenes tienen interlocutores en las editoriales, que finalmente se han convertido en fábricas.

A propósito de sus inicios, es verdad que usted hacía falsas dedicatorias en los libros?
Sí, cuando yo tenía 19 o 20 años yo vendía libros y algunas escriturasme eran fáciles de imitar, como, por ejemplo, las de Paul Valéry o Malraux. Yo lo hice tres o cuatro veces para ganar dinero. Esto no era sistamático. Después se convirtió en un juego: cuando veía una biblioteca, en las casas de otras personas, me divertía escribiendo falsas dedicatorias de Simone de Beauvoir a Luis Mariano, por ejemplo. Y la gente lo creía… Un día, en la vitrina de una librería, en la calle Vaugirard, vi un libro de Robbe-Grillet, dedicado a no sé quién, y yo reconocí mi firma! A veces la realidad se mezcla con la ficción: me acuerdo haber imitado una dedicatoria de Beckett para un cantante de los años 60, Pierre-Jean Vaillard. Ignoro si ellos en verdad se conocieron...

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