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Entradas

Mostrando las entradas de marzo, 2015

Laberinto

Imaginemos que este laberinto es una línea recta. Normalmente podríamos decir que esto sólo puede suceder dentro un sueño; pero a mí me da lo mismo dónde suceda. El laberinto que observo es un prolongado corredor. Tan largo que no logro divisar con claridad el otro extremo. Es un punto, por supuesto. Un punto iluminado. Me animo a entrar en este lugar con la consciencia de que penetro en un laberinto. Es decir, con la posibilidad de perderme en él. Es lo que pienso al pie de esa línea recta. Pero la curiosidad me acucia y doy los primeros pasos. En ese otro laberinto que es mi memoria aparece un verso de Mario Montalbetti:  "Buscar esconde lo que se busca".  Doy otros pasos y ese corredor es una calle del centro de Lima. Es el jirón Ancash, la cuadra ocho. Es la calle donde pasé mi infancia. Pero de pronto es la calle siguiente, una calle inclinada, cuya ascendiente da directo a la Iglesia Santa Ana. Este laberinto es angosto. Extiendo mis brazos en cruz y puedo rozar con mi...

claridad

Este es el primer domingo soleado aquí en Burdeos. Habíamos pasado varias semanas de cielo gris y una continua racha de lluvias. Salí temprano para hacer algunas compras en uno de los pocos supermercados que abre los domingos. Está a pocas calles de mi casa. Yo llevaba puesta una casa delgada porque a esa hora de la mañana, a pesar del sol, corría un poco de aire frío. Al atravesar la plaza Gambetta vi a una pareja de ancianos sentada en una banca. Él tenía puesto un bonete azul y ella uno rosa. Es algo muy típico sobre todo en esta región, pero para mis ojos sigue siendo pintoresco. El sol les daba de lleno en el rostro. No supe exactamente si tenían los ojos cerrados a causa de los rayos solares, o era por el goce y la placidez que parecían experimentar. Como ellos no me podían ver, aproveché en observarlos unos instantes. A primera vista descubrí que ambos tenían un aire en común, pero no supe determinar por qué. Sin embargo a pocos segundos me di cuenta de que ambos no poseían den...

1972, Burdeos

Hace unos pocos meses me obsesioné con la idea de conseguir y leer un libro del escritor uruguayo Mario Levrero. El libro llevaba por título Burdeos, 1972 . Debo admitir que harté a varios de mis amigos con esta búsqueda. Finalmente logré encontrar un ejemplar en manos de Robert Amutio, un amigo y traductor del español al francés que también vive en esta ciudad. Debido a su oficio es frecuente que los editores y autores le envíen ejemplares por correo postal. Amutio estaba muy ocupado esa semana –y yo también a decir verdad-, pero logré convencerlo para que nos diéramos cita entre la Patinoire y la estación de Policía. Disponíamos solo de diez minutos ya que él debía volver a casa a corregir pruebas y yo tenía una reunión de padres de familia en la escuela de mi hija Andrea. Mi amigo llegó con unos minutos de retraso, pero la espera me dio su recompensa. Traía el libro consigo. Le dije que éste era capital para mí, que podría confirmarme muchas cosas sobre mi escritura y propia vida ...