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Mostrando las entradas de febrero, 2015

Primer viaje

Hace pocos días me preguntaron dónde había escrito uno de mis cuentos, el titulado “La ofrenda”. Ese cuento fue publicado el 2001 y formó parte del conjunto Retratos familiares. La versión definitiva fue escrita en Chonan, un pueblo a ochenta kilómetros de Seúl, en Corea del Sur, seguramente el año 98. Esto fue lo que respondí, pero en realidad es una verdad a medias. Su primera versión corresponde a mediados de 1994. Lo recuerdo perfectamente no por la escritura del cuento en sí, sino por las circunstancias que impulsaron a que no lo abandone en el camino, como me venía sucediendo con muchos de los cuentos que escribía por entonces. Un año antes, el 93, había publicado mi primer libro, Habitaciones, un escuálido libro que me había dejado sin otras historias que contar. Yo solía culpar al último cuento de ese libro como responsable de mi bloqueo. En esa historia, “Del canto que somos testigos”, el protagonista y narrador decide iniciar un proceso de fragmentación, el cual...

El pecho de King Kong

Iba en el tranvía en dirección al trabajo. Desde la parada del Gran Teatro normalmente puedo alcanzar algún asiento. El trayecto que hago es corto, digamos que de cuarenta minutos. Suelo leer u observar unas calles que ya conozco de memoria. También tomo notas cuando se me ocurre algo para un cuento. Por ejemplo, en este viaje en particular al que me refiero, levanté la mirada del libro que tenía entre manos y la dirigí hacia una mujer mayor, algo regordeta, que me hizo recordar al rostro del pintor italiano Giorgio De Chirico. A lo mejor es una sobrina o una nieta, pensé. Esto no tendría nada de sorprendente viviendo en Europa. Saqué mi libreta y tomé nota de esto: “encuentro con nieta de Chirico”. Pocos minutos después me desanimé de la idea. Pero dejé la nota tal cual; no me gusta llenar mi libreta de tachaduras. Por otro lado, me dije, es muy común en mí creer ver a personajes que admiro o personas que conozco de mi infancia o juventud limeñas deambulando por Burdeos. Puedo ver, p...

Casa de Alma

Revisando una antología de cuentos serbios, encuentro, naturalmente, un texto de Danilo Kiš . Recordé que hace unos años, creo que hace cuatro o cinco, intenté rastrear su paso por la ciudad de Burdeos. Trabajó como lector de serbio entre 1973 y 1976. Al parecer llegó a esta ciudad a poco de publicar un libro que cerraba una trilogía y una etapa en su labor creativa. Los años pasados en Burdeos seguramente le permitieron la tranquilidad necesaria para escribir Una tumba para Boris Davidovitch , que publicó en 1976. Mi rastreo, sin embargo, se interrumpió apenas comenzado. Creí que la mejor y simple manera de saber dónde, en qué calle había vivido y escrito sus libros, era preguntar en la propia universidad donde ofreció sus cursos de serbio. Fui a la administración, me presenté como lector de español que era entonces, y les expliqué que mi interés por obtener al menos la dirección de este escritor era meramente la de un admirador. Pocos días después recibí un mensaje electrónico en e...