Después de tomarme un café en el bar que frecuento ciertas tardes, decidí volver a casa, no sin antes comprar una barra de pan en el camino. Una vez en la calle, el frío me obligó de inmediato a cubrirme parte del rostro con la bufanda que he traído de Lima; una bufanda que me regaló mi padre hace unos meses, aunque sospechó que él ya no lo recuerda. A su edad, el presente es un olvido. Caminaba y pensaba que hasta hace poco estos trayectos los hacía en mi vieja bicicleta. Aquélla que me robaron no hace mucho. Durante mucho tiempo yo confiaba en que su terrible aspecto desanimaría a cualquier ladronzuelo. Los frenos estaban desajustados, la catalina desentrada, no tenía cambios, la cadena se salía a cada rato y en plena marcha sonaba como si fuera a desmembrarse completamentamente. Quién robaría una bicicleta en ese estado? Sobre todo teniendo en cuenta los increíbles modelos de bicicletas modernas que circulan por la ciudad y que dejan atadas por todas partes, a vis...