Leyendo unas crónicas de viaje del escritor Henry James, me sorprendió descubrir que su paso por Burdeos no le dejó mayores comentarios. Su interés se concentró en la cercana ciudad de Angoulême, puesto que tenía muy vivas aún las referencias de este lugar descritas en la novela Illusions perdues de Balzac. Él quería contrastar las personas y el espacio real ante su vista con los personajes literarios y el espacio imaginado, privilegiando, claro está, lo segundo sobre el primero, porque, como lo dijo él mismo: “ellos son reales, supremamente reales, porque son hijos del gran Balzac, quien les fabricó una realidad artificial infinitamente superior a la realidad vulgar”. Fue por esa razón que finalmente tomó la decisión de observar Angoulême desde la ventana del tren. No necesitaba ver más. La literatura ya había satisfecho su necesidad de mirar. Este regusto por la observación en Henry James lo podemos detectar tanto en su propia obra de ficción, como en las acotaciones que él...