Es domingo y empiezo a redactar este texto en una enorme y vacía sala de espera en el piso 14 del antiguo Hospital Militar, en la ciudad de Sofía. Lo llamó antiguo porque en la Bulgaria actual este hospital ha dejado de ser exclusivo de los militares entrenados durante el bloque soviético. Este hospital fue construido en los años setenta y mantiene todavía todos esos rasgos, esos colores en los que se privilegia un celeste pálido. Estoy aquí porque doña Daria, la madre de la profesora que me ha invitado a sus cursos de literatuta hispanoamericana, ha tenido una recaída. Mientras la profesora ha entrado a la habitación de su madre a dejarle unas cuantas cosas, yo me acerco a un gran ventanal. Desde esta altura, la del piso 14, en la sección de males gastrointestinales, aprecié un lado de la ciudad de Sofía. Doña Daria debe tener una ventana en su habitación que le permite ver lo que ahora yo observo. Pero no estamos viendo lo mismo. Doña Daria nació en 1935 y fue aún una niña cuando emp...