La semana pasada visité a unos amigos que viven en el campo. En el caso de esta región es sumamente fácil abandonar los edificios, las calles y todo el ruido de la ciudad y, a sólo veinte minutos o menos, encontrarse en medio de árboles, montañas y extensos terrenos de cultivo. Hay gente, mucha gente, que en los últimos años ha optado por comprarse una casa en el campo e ir en su automóvil a su trabajo, en cualquier conglomerado urbano que lo rodee. Claro, también están los que, negándose a las facilidades de esos veinte minutos de distancia, o se quedan en la ciudad o en medio de los árboles. A mí, aunque me guste el campo, no puedo negar que soy un hombre de ciudad. Y es por ello que las raras veces que me alejo de casa y me dirijo a las montañas vea todo de un modo nuevo para mí y me maraville de lo que es cotidiano para esta gente. En casa de mis amigos la pasé estupendamente. Tienen no un jardín, sino un extenso terreno de hierbas y árboles. Lo primero que hice des...