Ciertas veces uno suele hablar de las personas a las que admira y con quienes comparte algunas afinidades. De allí que los escritores, por citar un oficio, gusten hurgar y escribir sobre la vida y obra de otros escritores. Hoy no quiero hablar de escritores. O bueno, sí, algo de ello hay. Quiero hablar de un ciclista. Pero lo particular de este sujeto en dos ruedas es que es mundialmente reconocido, sobre todo, como músico. Hablo de David Byrne, antigua cabeza de los Talking heads. En realidad Byrne es muchas cosas. Según sé, últimamente se asume como un artista plástico que tiene su domicilio en New York. Domicilio también es mucho decir, puesto que un día decidió convertir su bicicleta en una suerte de cámara fotográfica. Pude haberla comparado con una cámara de video, pero el efecto que se logra al observar las calles mientras se va sobre el sillín es la de una fotografía movida. De este modo se acumulan trazos de cuerpos que van en sentido contrario; puertas, escaparates, vitrinas,...