En las dos o tres últimas elecciones presidenciales en el Perú ha sido moneda corriente oír la expresión: «voy a votar por el menos malo» o, haciendo un alarde de buena conciencia: «prefiero viciar mi voto». Para mí está claro que no tengo un candidato que satisfaga mis expectativas, pero de lo que estoy seguro es de que no viciaré mi voto. Si bien es un derecho de cada votante, me parece que no estamos en el mejor momento para delegar una decisión tan importante en manos de otros, solo porque así creo que mantengo mi conciencia limpia y, de algún modo, sentirme más allá del bien y del mal. No. Si se tratara de un país en el que la democracia es sólida y no viera en riesgo sus pilares, vaya y pase. Pero en el Perú éste no es el caso. Para mí hay dos candidatos que ponen en riesgo esos pilares: uno es Keiko Fujimori y el otro Ollanta Humala. El caso de Keiko me parece el más humillante, pues detrás de ella hay más de una docena de titiriteros, empezando por su padre. Su experiencia p...