Ultimas horas en Lima, desde el aeropuerto Jorge Chávez, escribo unas primeras impresiones de lo que fue mi estadía en Lima durante dos semanas. Podría escribir sobre muchas cosas. Por ejemplo, ya registro en mi memoria esta mañana, como si hubiera sucedido hace unos años, la cicatriz que me mostró mi padre, producto de una operación en la que le extrajeron el riñón. Era una extensa línea en el dorso. Se mostraba orgulloso de ella. Era un signo del câncer que había superado. Pero lo curioso era que para mostrarme esa cicatriz se bajo los pantalones. No era necesario hacerlo, no obstante mi hermana me aclaró que lo hace a cada momento. “Si es suficiente con subirse la camisa”, le recrimina mi hermana –mi madre no dice nada, sólo sonríe-. Mi padre cuenta que había visitado a su antiguo jefe, el último antes de jubilerse, y le contó lo de la cicatriz. Con mostrar un poco de curiosidad fue suficiente para que mi padre ya esté con los pantalones abajo. Claro, no hubiera sucedido nada si...