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Mostrando las entradas de abril, 2009

Malabares

Me acaba de llegar por correo electrónico la promoción del último libro de Josefina Barrón. Se llama Malabares en taco aguja . Y al afiche de promoción le acompaña la siguiente cita de Josefina: "Convive con tus ovarios. Haz de cuenta que son dos cerebros más." Sólo me pregunto qué tan divertido es jugar ajedrez con ella.

Marcharse a pie

Cuando leí el texto escrito por Vila Matas y decidí colocarlo en uno de mis blogs, no supe dónde ponerlo. Es inclasificable, como todo lo escrito por él. Si bien habla unas líneas sobre mi novela, no es una reseña (pero bien podría serlo); si bien habla de una experiencia común, podría ser sólo la de él, o la mía. Y, bueno, simplemente lo pongo. Marcharse a pie 1. Ricardo Sumalavia salió hace unos días de su casa de Burdeos dispuesto a hacer unas compras. Era una mañana soleada de principios de este abril. Sumalavia parece un buen apodo para alguien que quiera ser orador, conferenciante: suma labia. Le habría encantado ese apellido a Ramón Gómez de la Serna, estoy seguro. Pero Sumalavia, joven escritor peruano que vive en Burdeos, no quiere ser orador ni conferenciante. Es tímido y con mucho sentido del humor. Vivió en Corea del Sur y después fue a Burdeos a pasar unos meses y se va quedando ahí desde hace unos años. Como voy mucho a Burdeos (tres veces en los últimos cuatro meses; no ...

Sobre historias, calles y trazos (a propósito de mis cuentos)*

Si se me pide que hable de mi labor como escritor, no puedo más que referirme a ella a través de tres breves instantáneas. Las parábolas Cristo escogió las parábolas para decir lo que tenía que decir, porque comprendió que a través de una historia, una buena historia, podía expresar lo que sentía y lo que pensaba, y, de alguna forma, afectar a quienes lo escuchaban. Pero sus parábolas tuvieron dos tipos de receptores: los que lo oían sólo esperando entretenimiento, una buena historia, y que no vieron en él más que a un simple contador de historias; y los que sabían, o intuían, que entre las palabras algo más se quería decir y se decidieron seguir a este hombre. Este último es el camino de los artistas. Entonces, para mí está muy claro. Yo soy escritor, narrador, no porque sólo quiera contar una buena historia, sino porque tengo algo que expresar, un universo propio al cual debo modelar, encarnar y luego darle piel a través de la palabra. Esto supone, pues, que para mí hay contadores de...

Libros como pájaros

Cada vez que me solicitan una lista de los libros que me han marcado siempre doy títulos diferentes. Nunca termino por decidirme. Esto es una suerte o bendición –pues mi fe es fluctuante-, ya que para mí esto significa dos cosas. Primero, que tengo diversos momentos intensos en mi vida de lector y escritor (esta última más breve que la anterior) que van alternando su jerarquía a medida que mi caprichosa memoria los recupera. Esto multiplica las posibilidades y matices de reconstruirte y descubrirte a través de los libros que has leído. Segundo, que tu capacidad de maravillarte y sentirte afectado ante un libro no disminuye y que te place saber que aún hay novelas, poemas, cuentos por escribirse y que integrarán mis futuras listas de libros predilectos. Visto así, la indecisión es un don. En esta oportunidad, los libros que mencionaré obedecen a periodos de mi vida que particularmente hoy, en una tarde que comienza a calentar la ciudad de Burdeos, y lejos de mi ciudad natal, quiero evoc...

Ciertas preguntas

Ayer fue un día muy extraño. Esta mañana fui a hacer unas compras y, mientras volvía a casa, se me acerca un sujeto en zapatillas y con un bigotes fuera de época para preguntarme hacia dónde está Bayona. Yo traté de recordar el nombre de alguna calle o avenida con ese nombre. Pero este sujeto no tenía una cara de preguntar por una calle. “¿Se refiere a la ciudad de Bayona?”, le preguntó. “Sí, claro. Hablo de la ciudad”, me responde. “Pero usted está a pie y nosotros estamos en Burdeos. A más de 200 kilómetros de Bayona”. Puso cara de que eso no era problema. Entonces le expliqué cómo salir de la ciudad y luego lo vi caminar hacia donde le había señalado. Parecía feliz. Por la tarde, ya ni recuerdo ni para dónde iba yo -creo que volvía al trabajo después de almorzar en casa-, vi a una chica muy guapa en la parada del autobús. Yo iba por la calle de enfrente. De pronto la chica atraviesa la calle y me dice si puede hacerme una pregunta. “Cómo no!”, le digo. “¿Por casualidad usted conoce ...